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domingo, 1 de mayo de 2016

Qué hacer en caso de estrés acumulado.

Existen muchas cosas para las que somos libres en este mundo. Tristemente, golpear a la gente estúpida que vuelve nuestros #Lunes un pequeño infierno no es una de esas libertades.

Triste, tristemente.

Al menos te puedes alegrar pensando que existen el alcohol y el pastel de #Chocolate. Lo malo que uno deja cruda y el otro engorda. ¿Qué nos queda? Aah claro, está esa opción; pero ¿sabes qué? Bueno... mejor olvídalo. Si pudieras conseguir algo de sexo casual así de fácil, seguro no tendrías un problema de estrés.

Lo mejor que puedes hacer, y por supuesto me refiero a lo mejor después de todo lo que emborracha, engorda o lleva al altar, es conocerte a ti mismo. No me refiero a la forma de conocerse a uno mismo que ha hecho famosas a cierto tipo de páginas en internet, si sabes a lo que me refiero. #GuiñoGuiño. Me refiero a que todos nosotros tenemos un bendito cerebro que desperdiciamos en ver justamente ese tipo de páginas en internet.

Quiero decir, tenemos miles de millones de neuronas con mas conexiones entre ellas que videos de #Gatos en el internet; y las desperdiciamos, bueno, viendo videos de gatos. ¿Pues a qué tipo de páginas pensabas que me estaba refiriendo?

El punto es que, si es verdad que tenemos más conexiones en la cabeza que estrellas en el universo, y esa es comparación modesta; si tenemos una computadora mucho más poderosa que cualquiera que se haya inventado hasta la fecha, y eso que la tecnología sigue avanzando literalmente todos los días; si nuestra mente es el mayor misterio de todo el universo, porque nadie puede explicar en dónde están los sueños de la gente, que a todos nos parecen tan reales hasta que entramos a trabajar como #Godinez y los aplastan con reportes y horarios, entonces debemos de ser capaces de lograr una €&@%% sonrisa los lunes aunque tengamos que trabajar. ¿Cierto?

Eso quiero pensar.

Pero muchas veces lo que nos importa no es el lunes, sino la infame repetición de lo mismo, semana con semana. Al menos hoy muchas oficinas tuvieron piedad, porque si no todos los puentes nos hubieran tocado en fin de semana. Espero de corazón que estés leyendo mi blog desde la comodidad de tu casa, burlándote conmigo de la gente que si tuvo que levantarse temprano.

Oye, un momento, ¡yo tuve que levantarme temprano! Pero eso no cuenta porque yo disfruto lo que hago.


Mira, sé que debería ir al punto y hablar de lo que promete el título: qué hacer en caso de estrés acumulado. Pero no pienses que estoy escribiendo todo esto al azar: lo primero que tienes que aprender es a dejar ir tu necesidad de obtener resultados con todo lo que haces. No está bien, no es divertido, te estresas tú y estresas a la gente alrededor. 

De cierta forma es genial porque así puedes hacer un montón de cosas productivas y tener dinero para pagarle a un analista que te diga por qué odias la vida, pero puedes ahorrarte mucho dinero si te das cuenta de que parte de tu problema es que no sabes cuánto te afecta tu trabajo, a nivel del sistema nervioso. 

Sé que suena como si tu vida laboral fuera un duende maligno, como ese que salía en las caricaturas, intentando sabotear los cables que conectan el cerebro. Pero más bien se parece al famoso perro de Pavlov que se ponía a salivar cada que escuchaba una campana. ¿Conoces la historia? Pues antes de que la psicología fuera una de las profesiones peor pagadas en México, los científicos de la conducta se la pasaban entrenando perros para medir cuánta saliva soltaban cada que veían comida.

Por esas cosas nos pagan tan mal. Quiero decir, ¿quién diablos quiere trabajar contando saliva?

Bueno, el caso es que un tipo llamado Pavlov se dio cuenta de que los perros salivaban cuando escuchaban los pasos de los científicos que los alimentaban; algo así como tú cuando escuchas que falta azúcar en tu casa, o que no tienes plan para el fin de semana, o cualquier cosa que no salga perfecta e, inmediatamente, te pones en modo Super Godínez a querer solucionar todos los problemas del universo porque si no te corren. ¿Ves? Ya no necesitas comida: respondes automáticamente a cualquier situación que se le parezca a tu trabajo.

Después de un rato, tu sistema nervioso se acostumbra a ese estado de tensión, y ¡pum, papá! Tienes un horrible caso de estrés acumulado.

No sé por qué no enseñan este tipo de cosas en la primaria. Si lo hicieran, todo mundo entendería que debe enseñarle a su cerebro a relajarse después de solucionar una crisis. 

¿Cómo se hace eso? Pues la próxima entrada vamos a ver cómo hacerlo más rápido, pero por lo pronto puedes acostumbrarte a tomarte 5 minutos de descanso baboseando en internet cada que cumples un paso de tu proyecto. En verdad funciona. Tarde o temprano te vas a enseñar que, después de cada crisis, viene un momento de calma que tienes todo derecho de disfrutar.


En serio; eres genial. Si tienes mucho estrés, eres genial y responsable, así que trátate como mereces: tan bien como te permita tu presupuesto después de gastarlo en pende&@€#$.

Todo lo que somos es una decisión constante de ser lo que nos gusta, o de alejarnos de ese ideal. No hay término medio. Hagas lo que hagas, te acostumbras si lo repites el suficiente tiempo, y por supuesto que no puedes cambiar de inmediato. Pero en el momento que tu lo decidas, por lo menos puedes empezar.


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miércoles, 20 de abril de 2016

La felicidad se crea, no se persigue.

En cuanto hablamos de felicidad, hay algo que siempre salta a nuestras mentes: el logro. Queremos lograr ser los mejores en alguna disciplina, comer sin engordar, o muchas veces encontrar un trabajo donde nos paguen por dormir y checar el Face.

¿No? ¿Solo soy yo? Bueno, la cosa es que pensamos que, para ser felices, nos tiene que pasar esto o aquello, y solo entonces lograremos alcanzar la felicidad.

Pues déjame decirte que, por pensar así, las compañías de productos inútiles logran venderte hasta el oxígeno de marca. Siempre que tengamos la insoportable idea de que la felicidad depende de cosas externas, alguien se va a aprovechar para vendérnosla, empaquetada y en cómodos pagos. No te dejes engañar: el marketing moderno vende sentimientos. Si tienes internet, probablemente tienes el resto de tus necesidades cubiertas.

Algo que escucho todo el tiempo es que la función de la mercadotecnia es crear necesidades; por lo menos en México, los refrescos de Cola han tenido un éxito desmedido en ese aspecto. Una comida no es comida si no tiene su refresco para acompañarla, en especial si esa comida son tacos. 

Pero, como dice el comercial, para todo lo demás existen sentimientos de por medio. Quiero decir, es ridículo como intentan venderte algunas cosas. Los aromatizantes te muestran a una mujer con pantalones de yoga dando vueltas en su baño por lo bien que huele. No me importa si tienes el mejor aromatizante, después de usar el baño no te vas a quedar para dar vueltas.

De hecho, la mayoría de los productos en la televisión te muestran a gente que está sospechosamente feliz por utilizarlos. No sé tú, pero yo no confiaría en alguien que sonríe tanto por usar una pin€@& aspiradora.


Bueno... Pensándolo bien, ¿por qué no? ¿Qué estás esperando para ser feliz? Probablemente no sea el día de limpieza en tu casa, pero la verdad es que si no puedes ser feliz en este momento, nada más porque quieres, entonces no sé si puedas serlo cuando salgas de vacaciones, o cuando compres un auto. Solo será algo así como un momento en el que dejas de odiar todo porque tienes un juguete nuevo, y al rato vas a quedar igual.

A menos que sean vacaciones con goce de sueldo porque, como dije antes, es el único sustituto verdadero para la felicidad: que te paguen por no hacer nada.

No, la felicidad verdadera no es una cosa que llegue gracias al logro personal, comunitario, o alcohólico (cuando al fin logras romper el record de botellas que te tomas con tus amigos en una noche).


Sobre este tema, puedo decir que existen dos corrientes: la primera propone que la #Felicidad es un estado mental, una liberación de todo lo que te sobra, y obtenerla equivale a alcanzar la iluminación. La segunda, más práctica, propone que la felicidad es un comportamiento, una acción emocional, tan sencilla como ser amable o insultar al equipo contrario de fútbol.

Por supuesto que no vamos a hablar de la primera, porque ya tengo un blog que se trata de eso y, además, todas las tradiciones que hablan de la iluminación dicen que no existe una forma de conseguirla, sino que le sucede a los suertudos. Es más o menos como encontrar un buen trabajo en México: no tiene nada que ver con la preparación.

Sobre la segunda corriente hablaremos la próxima entrada, donde vamos a revisar las estafas, aciertos y tradiciones que descuartizó el New Age; además, como es costumbre los viernes, te daré algunas técnicas concretas para generar, controlar, y mantener los sentimientos positivos, que puedes practicar en la comodidad de tu oficina, porque simplemente no puedes estar viendo el Youtube para siempre; tienes que fingir que trabajas de vez en cuando.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La rueda del karma Godínez.

En este mundo hay dos tipos de personas: los que valen la pena, y los que vale la pena evitar. Ya dije en la publicación pasada que todo mundo tiene cosas buenas y cosas malas. El secreto para elegir tus amistades, en primer lugar, es aprender a estar solo. Pero en segundo lugar es decidir a quiénes vale la pena aguantarle sus dramas.

Debe haber dos o tres personas en tu mundo que te hacen más feliz de lo que te causan problemas. Y seguramente las encontraste después de muchas decepciones, porque todo mundo nos hace alguna ching&#$@ en un punto de su vida. Bueno, tarde o temprano la gente demuestra si andarse pasando de listo es costumbre, o solo un mal momento que vale la pena soportar.

La cosa es que muchas veces no nos damos cuenta de que nosotros mismos somos seres dramáticos. Nos gusta el sarcasmo, los memes, y nos tomamos nuestra versión de las cosas demasiado en serio. Por eso es mucho más fácil recordar las decepciones que hemos sufrido, que los momentos en los que nosotros hemos decepcionado a los demás. En especial cuando pensamos que tenemos razón.

Lo malo de pensar que tienes razón, es que usualmente te hace ignorar el punto de vista de los demás. Seguro tienes tus argumentos, y cuando te hacen notar una falla pones de frente todas tus justificaciones. Tristemente, eso no logra nada más que satisfacer a tu ego y decir: "tenía razón", que generalmente se traduce como: "gané el argumento". No pienses que es lo mismo, porque la gente puede ser una hija de &@ta muy bien justificada y, si solo quieres convencer a los demás, generalmente acabas por evitar el observarte a ti mismo, creyéndote tus propios pretextos.

Esto se llama la rueda del karma #Godínez (y sí, efectivamente, se llama así porque yo le acabo de poner el nombre): a veces somos el tipo de persona que tiene argumentos muy buenos para ser una molestia en la vida de los demás, y a veces otras personas tienen argumentos muy buenos para estropearnos el día.


Ojalá hubiera un tipo de #Budismo que nos permitiera trascender este ciclo inevitable de gente que siempre piensa que tiene la razón; algo así como darle por su lado a cada persona, sin sacrificar tus propias posturas. 

Sería genial, pero las cosas no son tan sencillas.

Si queremos mantener una posición impasible, entonces vamos a pasar por encima de muchas personas que tal vez nos conviene escuchar de vez en cuando. Puede que sus argumentos no sean buenos, pero sus sentimientos son verdaderos; tenemos que aprender a validarlos, porque muchas veces no los saben expresar.

Por otro lado, también es necesario aprender a no dejarnos convencer por cualquier idiota que argumenta cuando se siente agredido, grita cuando se le acaban los argumentos, y se ofende cuando todo lo demás falla. 

El mundo es un lugar complicado. A veces no podemos dialogar con una persona, porque no están dispuestos a hacerlo; aunque no es ideal, llega a pasar. Pero también está bien que la gente sea así; no nos pagan por llevarnos bien con todos, y si no nos gusta una persona, simplemente nos podemos alejar. 


Recuerda que la persona más importante en este universo eres tú mismo. Eres genial, ¿recuerdas? Cuídate primero a ti, y escoge a la gente que te rodea pensando en lo bien que te hacen sentir.

Así es como puedes trascender la rueda del #Karma Godínez: equivocándote mucho, pero aprendiendo. Rodeándote de la gente que te hace sentir como si valieras la pena, porque lo vales. Entonces la rueda deja de regresar a patearte el trasero cuando te pasas con alguien; ellos lo entienden, y tú mismo los puedes entender si hoy no te supieron tratar bien.