miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cómo controlar el estrés


Hay algo común en todos los trabajos: odiamos los lunes. Bueno, eso y que tenemos días estresantes.

Te voy a dar un par de trucos para manejarlo. 

El primero ya lo estás haciendo: es respirar. No respires profundo porque esa es la manera que todos tenemos tenemos para decir: "estoy a punto de hacerle daño a alguien". Solo respira.

 Sí, ya se: si fuera tan fácil, no estarías estresado. La verdad es que tienes que observar tu respiración. 

Cuando la observas, puedes modificarla para que no parezcas un asesino en serie. No te digo que lo hagas lento, o menos forzado; si te tomas medio segundo para observar cómo respiras, te darás cuenta de lo que necesitas hacer. 

No hay forma de engañar a la respiración.





El segundo truco tiene dos partes: primero, encuentra otra cosa que hacer. Si sientes estrés, probablemente te pidieron que entregaras tu proyecto el 2010, así que tienes que terminarlo ya. Bueno, tal vez exagero y te quedan 5 minutos. Por eso es importante distraerte por un segundo. Porque si no has pensado en otra cosa por mucho tiempo, y has estado trabajando como esclavo, es normal que te sientas así. 

Ponte a ver videos o chatear con tus amigos. No por mucho tiempo, pero lo suficiente como para que sientas a tu atención cambiar. 

Una vez que lo logres, tómate un momento para estirarte y relajar tu cuerpo. Las emociones se quedan grabadas en los músculos; cuando nos relajamos internamente, y luego relajamos nuestro cuerpo (es mucho más efectivo si lo haces en ese orden), podemos pasar un rato más largo trabajando sin querer golpear a la gente, porque de verdad nos sentimos mejor. Es el principio de un masaje, pero sale más barato y lo puedes hacer en la oficina.





Bueno, si leíste esta publicación por sentir estrés, te dejo regresar a lo que te ocupa. Solo recuerda que, mientras sigas respirando, puedes hacer algo para tomar el control de ti.

Eso, y el fin de semana es como el sol: llega para todos, si tan solo logras aguantar.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Cómo sonreír sin fingirlo.

Una sonrisa te va a dar un atractivo que solo puedes conseguir con los más caros maquillajes. Si eres hombre, maquillarte solo es una opción en ciertos círculos, y no creo que sea buena idea para tu presentación de negocios. Bueno, cada quien, pero te recomiendo la buena actitud.

Porque hay dos tipos de personas en este mundo: las que afrontan sus problemas con una sonrisa para que los demás no nos demos cuenta, y las personas que te cansan a los 5 minutos porque solo se quejan. Y se quejan, y se quejan... Luego ya no sabes si deberías deprimirte por tu vida o por tener que escucharlos todos los días; no te preocupes, seguro ni siquiera notan si te pones audífonos.

Pues te voy a dar un par de consejos para mantener tu sonrisa sin romperte por dentro porque no sabes pedir ayuda.

Eso, por cierto, tiene que ver con mi primer consejo. Quejarse todo el día no es lo mismo que pedir ayuda. Nadie puede resolver todos los problemas de su vida por sí solo; la buena noticia es que nadie tiene que hacerlo. Bueno, si eres de los que se quejan todo el día puede que sí tengas que hacerlo solo porque ya nadie te quiere, pero incluso entonces existen todo tipo de profesionales que nos pueden ayudar si estamos en las últimas de la esperanza; dejando las bromas a parte, no siempre podemos contarle nuestra situación a los amigos.

Si no crees que pueden ayudarte de verdad, al menos contárselo a alguien te va a salvar de publicarlo en el Facebook. 





Esa es la segunda parte de mi consejo: busca a las personas correctas para desahogarte.

Todo mundo sabe que la manera más rápida para quedarte sin amigos es ser tan optimista que disfrutes levantarse a trabajar a las 6 de la mañana los domingos; ese tipo de gente debería vivir a parte de la sociedad. Y si estás de acuerdo con esto, tus amigos más cercanos seguramente son igual de cínicos que yo; créeme, no te conviene contarle tus problemas a alguien así.

Pero puedes buscar al optimista que siempre trata de buscar soluciones. Claro, no lo vas a invitar a salir todos los viernes: son aburridos y tampoco te quieren alegrar en su tiempo libre, pero te puedes acercar a él y estará feliz de ayudarte.

Como último consejo: aprende a poner atención a las cosas correctas. Eso no lo digo yo, lo dijo el Buda; y ese señor fundó una religión, así que, si no te sirve para ser feliz, por lo menos el consejo te servirá para ganar dinero.

¡Porque seguro eres una persona muy ocupada! ¿Quién tiene tiempo para la depresión en lunes, por dios? Ya no hay respeto.

¿Sabes? La mayoría de las personas están deprimidas, y eso es cierto. Pero también es verdad que no lo están todo el tiempo. Muchas veces solo estamos ocupados. Eso es lo que nos salva de la tristeza, así que concéntrate en lo que estás haciendo; si te pones triste, enfócate en algo más.





La depresión, mis queridos Godínez, es para la gente que no tiene nada mejor que hacer.

Déjame decirlo de otro modo: en este mundo lleno de masajistas, psicólogos y pastel de chocolate, la tristeza es para la gente que ya se cansó de buscar opciones. Y si ese es tu caso, está bien. Porque siempre puedes volver a intentarlo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Cómo divertirse los viernes.

Si eres Godínez, el viernes es divertido y punto. ¡Es como si quisiera escribir una publicación sobre "cómo mojarse bajo la lluvia"! Pero triste, muy tristemente, la diversión empieza cuando sales de trabajar.

Todavía te quedan unas horas de estar esperando la hora de salida, y son peores porque las cosas que esperas tardan más en llegar.

¿Recuerdas que en la publicación anterior dije que, cuando pones atención, las cosas se vuelven más claras y parecieran estar más presentes? 

Bueno, Leonardo da Vinci lo sabía muy bien, y utilizaba esa función del cerebro para mejorar su creatividad. Así es, mis Godínez, ser un genio es una habilidad que puedes practicar.

Da Vinci recomendaba que, al estar sentado sin nada mejor que hacer, uno debía poner atención a las paredes o al papel o a la sombra que la vela proyecta. 

Ok, ya nadie tiene una vela.

La cosa es que puedes quedártele viendo a cualquier cosa: a la pared, al techo, a lo que sea; de todos modos estoy seguro de que ya lo haces. Es decir, te quedas viendo como zombie la pantalla cuando juegas Candy Crush.

Pues el artista italiano nos asegura que, después de unos momentos, cualquier cosa que estés viendo se va a empezar a mover y vas a empezar a ver patrones, caritas, figuras, etc en cualquier superficie o lo que sea que le pongas atención

Tal vez por eso se ha considerado que la creatividad y calidad de un artista, dependen de las drogas que consume.




Pero ¡no subestimes la técnica de poner atención!

Porque pasan 3 cosas con tu cerebro: en primera, le quitas tu atención al reloj. Esto es importante porque los seres humanos registramos el tiempo cuando lo recordamos. Si estás viendo el reloj constantemente, tu cerebro registrará caaaaaaada seguuuuuundo que voltees a ver. Si estás haciendo otra cosa, cuando voltees a ver el reloj te darás cuenta de que las drogas funcionan y funcionan muy bien. Quiero decir, los ejercicios italianos. Claro, es lo que intentaba decir.

En segundo lugar aprendes a mantenerte haciendo algo tedioso y repetitivo, y hacerlo bien. Acéptalo: eres Godínez. Tu trabajo es tedioso y repetitivo la mayoría del tiempo. A veces tienes que resolver una crisis, y vamos a hablar de cómo manejar el estrés en otro momento, y a veces te mandan una imagen graciosa por Whatsapp; pero la mayoría del tiempo tienes que hacer más o menos la misma rutina todos los días. Te conviene enseñarle a tu cerebro a hacerlo por ti; el esfuerzo es para quienes no conocen la neurología.

En tercera, cuando le pones atención a algo tan simplista y aburrido como una pared o el mosaico del piso, tu cerebro dice "oye, ¿en serio? ¡Déjame hacer algo más interesante!". Igual que tú en la oficina. El cerebro es como el Godínez del cuerpo: es tan increíble, tan fenomenal, pero lo ponemos a hacer tareas repetitivas por necesidad. Por eso saca su Smart Phone y abre el Brainbook; ahí es cuando las lineas del suelo o los patrones en la pared se empiezan a mover y forman figuras. Tu cerebro está se da cuenta de que no va a hacer nada mejor, así que se pone a hacer nuevas conexiones con lo que puede; traducido a nuestra percepción, el mundo se empieza a mover y vemos caritas en la pintura o la madera o lo que sea.

Y, por supuesto, eso te vuelve más hábil en encontrarle significado y orden a las cosas más comunes; traducido al español, aumentas tu creatividad desde el cerebro.

Da Vinci no sabía que lo sabía, pero sabía neurología.





Mira, no te estoy diciendo que te quedes viendo a la &€#%$% pared como si eso fuera divertido. Pero, vamos a ser honestos, en un día de oficina común y corriente lo vas a hacer de todas formas, porque hay momentos increíblemente  aburridos. Solo digo que, en vez de pensar en la inmortalidad del cangrejo, pongas atención.

Ese pequeño truco es la diferencia entre un cerebro aburrido, que se arrastra entre los segundos, y un Godínez feliz.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cómo sobrevivir a tu mitad de semana.

En todos los trabajos hay días buenos. Se llaman "día de pago"; a veces también se llaman "viernes", pero solo cuando estás a punto de salir.

El resto de tu vida lo pasas quejándote de los lunes (a menos que caiga en quincena), medio dormido lo martes, y deseando que el jueves ya fuera viernes. Pero sin duda alguna, el único día que no tiene piedad con los Godínez es el Miércoles: la mitad de la semana. Ya es muy tarde para añorar el domingo, y si empiezas a pensar en el sábado te vas a poner a llorar.

Bueno, no te preocupes: hay esperanza.

Lo primero que puedes hacer es tomarte microdescansos. Sé que no eres un marciano, pero en español significa "descansar muchas veces a lo largo del día".

Sí, a tu jefe no le va a gustar; pero ¿a quién le importa lo que piense? Él no va a cuidarte, así que tienes que hacerlo tú. 

Además, en psicología se sabe que el tiempo de atención posible para una persona es, más o menos, tu edad en minutos. Tal vez por eso nunca vemos en las películas a jóvenes meditando.

En la vida moderna tenemos la bendición del smartphone.

Cuando sientas que te estás distrayendo, son tus neuronas diciéndote que eres muy joven para pasar tu vida encerrado en un solo lugar. Ellas no entienden que la sociedad es muy cruel para el que no trabaja; pero puedes sobornarlas con 5 minutos de Facebook o Twitter cada que sientas cansancio mental. Si tu jefe te atrapa en esos minutos, dile que estabas mandándole un mensaje a tu tátaratátara-abuelo que está aprendiendo a usar su nuevo iPhone 6.





Y por supuesto que puedes inventarte un pretexto mejor. Si te das la oportunidad de descansar mientras trabajas, serás más productivo y más feliz. Pero recuerda que a tu jefe no le importa; por eso necesitas pensar un buen pretexto para checar si tus comentarios ya tienen "likes".

Como alternativa para no revisar tu teléfono cada 15 segundos, puedes intentar un truco que se llama: "deja de ver el reloj cada 5 minutos". De forma muy simplificada, se trata de: dejar de voltear a ver tu reloj cada 5 minutos. Espero que el nombre no te haya engañado, pero a veces la teoría y la práctica son diferentes.

Si, claro...

Por si las dudas, déjame explicarlo: si te concentras en una cosa, vas a empezar a ver los detalles y se volverá más clara y presente. Por eso algunas personas, de forma sorprendente, parecen hacer bien su trabajo sin tener que repetirlo mil veces. Tal vez no tengan amigos y sé que nadie los quiere, pero no les importa porque están concentrados. 

Y la verdad es que ni ellos son tan marginados ni tu eres un adolescente de caricatura que no sabe poner atención. Es solo que trabajan a su ritmo, y saben cuándo tienen que descansar. Oye, ¿quién te dijo que los "ñoños" y "nerds" no viven revisando su perfil? Es sólo que saben cuándo hacerlo, y se ven tan ocupados que nadie les reclama.

Ese es, mis queridos Godínez, el truco para ser productivo: no te obsesiones con la productividad. Dedícate a sobrevivir y completar las tareas que tengas que hacer; de vez en cuando, tómate un descanso para quejarte por redes sociales de lo largos que son tus días. Claro, siempre que no tengas agregado a tu supervisor.





Quién sabe; a lo mejor se te olvida, igual que con esta publicación, que la intención original era sobrevivir al día más pesado de la semana.

A lo mejor te concentras en lo que haces, y dejas que el viernes llegue solo.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Cómo ser feliz sin ser borrego.

En esta sociedad existen muchos problemas, pero en mi opinión uno de los más importantes es que la gente buena está muy deprimida y los estúpidos son demasiado felices.

Y eso no está bien, porque si estás orgulloso de ser más listo que un gorila, probablemente te sientes más bien desadaptado.

Ese es el primer truco, mis Godínez: no tienes por qué complacer a todo el mundo, todo el tiempo. Todos tenemos pequeños placeres que no son precisamente dignos de publicar en Facebook, pero de todos modos amamos nuestro pasatiempo. Ya sea ver películas de Lola la Trailera, o escuchar canciones de un género innombrable, tienes que aprender a mandar al diablo el botón de "publicar" de vez en cuando. Solo haz lo que te gusta, y no le digas a nadie. De esta forma nadie te podrá molestar.





Pero si el sentimiento de no pertenecer fuera tan fácil de eliminar como: seguir tus gustos culposos sin que te critiquen, habría más clubes raros por todos lados y menos gente infeliz.

No, la verdad es que la segunda parte del truco tiene que ver con dejar nuestra adicción al sufrimiento.

Existen diez millones de problemas en este mundo que hacen infelices a muchísima gente: el maltrato infantil, el maltrato animal, el hambre y la pobreza. Sin embargo, también es cierto que no vamos a lograr nada si lo único que hacemos es preocuparnos.

Si eres de las personas que se la pasan preocupándose por cosas que no pueden solucionar, te recomiendo que sigas páginas más felices en tus redes sociales o que te levantes y hagas algo al respecto. Y aunque seas de esas perdonas increíbles que sí están actuando por un mundo mejor, oye, necesitas una página o grupo que solo sube fotos de gatitos para cuando tengas un mal día. Si funcionan, te lo aseguro.

En cambio, para la gente que solo se preocupa por su propia vida y no se mete en los asuntos de los demás (una actitud ejemplar que todos deberíamos aprender) te recomiendo ponerte un horario: me voy a preocupar porque mi vida es un asco de las 4 a las 6 de la tarde, y el resto del día lo voy a pasar buscando soluciones o subiendo cachorros a mi muro. 

Lo digo medio en broma. Es imposible dejar de quejarse, porque la vida es muy difícil y estresante. Pero tampoco sirve hacerlo todo el día. Sigue quejándote, pero agrega la frase "y voy a hacer... Al respecto".

Si no puedes hacer nada, mira fotos de gatos cuando la depresión amenace.

Estos trucos están respaldados por los avances de la neurología del último siglo, que nos enseñó de manera científica que los gatos alivian la depresión. 

Espera, ¿qué? 





No, quiero decir que se ha demostrado que, si practicas algo todos los días, te vuelves increíblemente bueno en ello. Solo se me hace estúpido practicar la depresión, cuando el entretenimiento y los videos graciosos están disponible para todos en la era de la informática.

Si no tienes algo mejor que hacer con tu vida, sé feliz

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La iluminación es una enfermedad mental.

Emilio Durkheim fue un sociólogo francés que dijo, palabras más palabras menos, que la sociedad inició en el mismo momento en el que se inventó la religión.

En otras palabras, dejamos de ser manada y nos hicimos pueblo cuando nuestros ancestros se pusieron de acuerdo a quién rezarle.

No estoy seguro de que esto sea verdad.

Pero sí estoy seguro de que, desde que se inventó la religión, ha definido lo que pensamos del mundo, la forma que tenemos de conocerlo, y ha servido como guía para relacionarnos con el resto de nuestra especie.

En otro momento haremos un recuento filosófico de la religión desde que adorábamos a la estatua del Maestro Caribú, hasta el Goditeísmo; pero en este momento no es necesario. Solamente necesitamos estar de acuerdo en los dos elementos básicos que componen cualquier creencia: una concepción de lo sagrado, y una forma de simbolizarlo.

Si te diste cuenta, el segundo elemento está resaltado en negritas, así que debe ser importante. Y es que el ser humano es un animal que simboliza por naturaleza.

Esto tiene una razón de ser: el conocimiento se transmite mejor a través del símbolo.

Incluso el día de hoy nos encontramos con las últimas técnicas de aprendizaje como: mapas mentales, acrónimos, y todos los procesos de asociación que la psicología nos asegura sirven para recordar en dónde dejaste tus llaves.

Pero la forma de simbolizar ha cambiado y sigue cambiando a la par de nuestra sociedad

Si en mil años encontraran un diagrama de flujo, probablemente pensarían que ahí ocultábamos nuestros más oscuros conocimientos, llenos de superstición y las ancestrales (ahora modernas) tradiciones como el internet y otras leyendas del pasado. Y tendrían razón. Probablemente en un milenio los oscuros y complicadísimos modelos de física cuántica sean entendidos a la perfección, y las tablas del Modelo Estandarizado sean tan misteriosas como las tabletas egipcias.

Así pues, el ser humano simboliza; y a medida que cambian nuestros símbolos también cambia nuestra forma de entender el mundo.

Como ya lo he menciondo, mis queridos Godínez, vamos a revisar la historia y progresión de la forma de adorar, entender y simbolizar al mundo en otra ocasión. Por lo pronto basta decir que, cuando cambia el símbolo que utilizamos, cambia el objeto de nuestra veneración. Así que, por el momento, en vez de hacer un recorrido histórico de lo sagrado vamos a hablar del santo patrono de la era de la información: su principal ídolo.

Al igual que los dioses de la antigüedad, este recibe varios nombres y su influencia es inmanente en todos los campos del saber: domina nuestras vidas sin siquiera darnos cuenta, y dicta lo que podemos y no podemos hacer. No lo hace directamente, por supuesto; como toda fuerza superior tiene sus ministros guardianes del conocimiento, en inmensas catedrales de piedra y concreto que arrogantemente se autodenominan "Universidades", proclamando su absoluto dominio sobre el mundo natural. Eso, en la antigüedad, era orgullo exclusivo de los brujos. 

Pero, ya sabes, eso es cosa de otra publicación.

La más alta autoridad espiritual en nuestros días es la Normalidad. Y si lo escribo con mayúscula es porque hay que decir su nombre con respeto.

Porque rige toda nuestra vida. No la vemos; al menos no siempre es aparente, pero su influencia está ahí. Si eres hombre, solo tienes que ponerte un vestido para sentir en carne propia el castigo reservado para los infractores contra La Norma. Y entiendo que hay hombres que se ponen un vestido con orgullo todos los días; pero tienen sus propios clubes nocturnos, sociedades y reglas. Nadie está exento de rendir tributo a La Normalidad pero, hoy más que nunca, al menos hemos conquistado el derecho de definirla por nosotros mismos. Siempre y cuando encontremos a alguien dispuesto a seguirnos el juego.

¡Y por primera vez en la historia toda la humanidad está unificada bajo una sola ideología! Esa ideología apesta pero, ¡oye! Al menos es un comienzo. Creo que es algo que necesitamos con urgencia: la unidad. 

En épocas antiguas, la unidad bajo una sola ideología se intentó imponer cuando una fuerza militar suficiente contrajo un dirigente demasiado dispuesto a utilizarla; esos dirigente usualmente justificaban sus avances a través de la religión.

Hoy es diferente, porque las superpotencias combinadas tienen suficientes armas nucleares para arrasar a todo ser vivo en este planeta más de cien veces; a todos sin excepción. No tienes nada de qué preocuparte. No habrá Apocalipsis Zombie, ni escenarios distópicos en un desierto nuclear porque, en caso de guerra todos, todos vamos a morir 99 veces más que las vidas que podemos pagar. Bueno, el punto es que no puede haber una fuerza militar digna de competir contra eso. No vale la pena si quiera intentarlo.

Así que los gobernantes ya no se pueden dar el lujo de confiar sus destinos a brujos que prometen, pero no cumplen. Necesitan brujos de verdad.

Con sus oscuros símbolos, sociedades exclusivas y publicaciones incomprensibles para cualquiera que no sea un iniciado, la Ciencia ha venido a cubrir el ancestral papel de la religión: asegurar el poder del estado. Donde los brujos antiguos rezaban y veneraban una fuerza superior, los científicos experimentan y veneran a la Curva de Bell, la Distribución Gaussiana: la mismísima Normalidad.

Y es que funciona.

Funciona tan bien.

En la física tenemos una serie de datos que caerán dentro de esta curva de normalidad, y les llamamos leyes. Esto genial, porque no queremos que a la gravedad se le ocurra comportarse raro y nos mande a volar a todos. En la medicina, si mi pastilla no funciona normalmente, no me la trago.

Pero ¿cómo puedes aplicar esto a la psicología? Eso no solo es raro; es peligroso. Piénsalo: el DSM-V, manual de diagnóstico de los psicólogos, es un compendio de crímenes contra la normalidad que te traerán una pena que oscila entre el encarcelamiento en un hospital psiquiátrico, hasta un tipo de servicio comunitario en el que tienes que drogarte tanto que tu servicio sea no molestar a la comunidad. Porque a nadie le gusta tener que aguantar a alguien raro. Y tenemos armas nucleares; hay que recordar eso. A todos nos conviene llevarnos muy pero muy bien.

Esa es la otra función de la religión que la ciencia ha venido a llenar: nos enseña cómo comportarnos. Oye, puede que tu seas una buena persona; pero hay un montón de idiotas allá afuera que serían idiotas peligrosos si no tuvieran un poco de religión para decirles qué cosas no hacer. En este caso, se trata de una Norma a la cual deben apegarse o arriesgarse a ser rechazados por su sociedad.

Una sociedad que tiene armas nucleares, drogas, y hospitales psiquiátricos.

Pero la psicología está en pañales. Es decir, a la física le tomó (debatiblemente) unos 1500 años explicarnos por qué las cosas caen hacia abajo. Eso es básico. No digo que sea fácil; se necesitó un supergenio inglés para inventar la palabra "gravedad" y definirla con matemáticas. Pero es algo tan básico como la pregunta: ¿cómo puedo utilizar mi sistema nervioso para sentirme bien, justo ahora? Y esta pregunta... Bueno, la mayoría de los psicólogos no están hablando del sistema nervioso. Mucho menos de resultados inmediatos: mencionarlos en un círculo serio significa ser llamado "pseudopsicólogo", "médico brujo", "charlatán" y demás.

Y eso es raro, porque la ciencia demuestra que creamos nuestra experiencia a través del sistema nervioso. Pienso que deberían tomar un poco más de interés; la gente busca ser feliz, no validar las teorías del terapeuta.

Pero no me voy a meter con la religión de nadie; ni de psicólogos ni de neurólogos, porque esos argumentos nunca acaban bien.

Con lo que si me voy a meter es con la función de las instituciones religiosas como agentes sociales... O más bien, socializadoras. Esto significa, a grandes rasgos, que la religión es una de esas herramientas que los gobernantes usan para enseñarle a un mono lampiño a vivir en sociedad, porque no todos sabemos como ser una persona decente. Verán... Si fuera a hablar de la filosofía y fundamentación de las escuelas que dejaron los más famosos Maestros sería muy complicado porque sus mensajes están hechos para una cultura y tiempo particulares. 

Por suerte solo necesito hablar de la percepción popular de estas religiones: lo que la gente sabe porque ha sobrevivido las revisiones, ediciones y demás calamidades que suelen azotar a las filosofías originales de los iniciados hasta que alguien lo publica en Facebook como cita sin contexto, pero con una linda imagen de fondo.

Central en las religiones cristiana, judía e islámica encontramos el concepto de cielo o paraíso, una recompensa que se le dará a los fieles que cumplan las ordenanzas de su religión; esto se contrapone al castigo que vendrá para todos los infractores, que desafortunadamente es eterno e inapelable.

Las ordenanzas, además de pagar una cantidad variable de tributo monetario a la santa sede de tu preferencia, suelen hablar de una actitud decente hacia nuestros semejantes en donde las malas acciones se pagan y las buenas se recompensan. Las metáforas cambian, pero el mensaje es el mismo: si eres bueno, te ganas el cielo. Si no, te ganas la perdición.

La metáfora es linda porque funciona en varios niveles; si eres bueno te ganarás el cielo, pero también estás creando un mejor mundo mientras vives. Y al final todo tiene sentido porque, dependiendo de tus acciones, sabes dónde vas a acabar.





Todo esto estaba sustentado por una aplicación peculiar de la lógica y la imaginación llamada Teología; pero era lo mejor que teníamos, o por lo menos lo único legal. Así que nuestro conocimiento del mundo apoyaba la visión socializadora, o la imagen moral por la que podía guiarse una persona.

Esto perduró hasta que, en el renacimiento, lograron oprimir a los opresores y sumergir al mundo en un mar de racionalismo y método científico que pocas personas entienden, pero que todos parecen amar. Ya no confiábamos en una fuerza divina para hacer nuestros milagros; nos encargamos de investigar cómo hacerlos nosotros mismos. Esto fue genial para los científicos y académicos, pero el pueblo en general sigue tan ignorante de la ciencia como en su tiempo lo fue de la teología. Digamos que ahora ignoramos un método mejor.

El problema es que este método da muy buenos resultados, pero nos queda debiendo en las respuestas que ofrece. En el ejemplo de Sir Isaac Newton, te puede decir todo acerca de cómo funciona la gravedad, qué tanto acelera un objeto, y cómo podemos esperar que éste se comporte en relación a la fuerza de atracción de otro. Es muy lindo para aprender nuevas cosas acerca del universo y hacer mapas estelares; se han descubierto varios planetas usando ecuaciones sin telescopios gracias al trabajo de Newton. Pero no te dice por qué levantarte todos los días para ir a buscar esos planetas. Y es en verdad lamentable, porque el conocimiento debería darle sentido a la vida o ser refinado.

Y todavía no existe ciencia que responda al por qué de las cosas. 

Verán, en la carrera renacentista por liberar el conocimiento de la religión y reemplazarla por la ciencia, se les olvidó llevarse un componente básico. No por su bien, sino por el de sus herederos y descendientes. Porque los filósofos del Renacimiento estaban emocionados con la bondad que podía mostrar el hombre si tan solo se le libraba de pestes tales como la religión o los impuestos. Tenían fe en la humanidad. El mundo era bello, decapitando nobles y opresores. Si, bueno, supongo que en una época así era imposible notar la necesidad absurda que como humanidad tenemos de un propósito mayor, de una promesa de continuidad. De una moral que tuviera sentido, pero no porque alguien lo dice; el truco de las religiones era convencernos a todos de ser buenos y respetar porque así debería ser. De la bondad entendida como una ley natural tan inquebrantable como la gravedad, y con un castigo igual de ineludible para los necios que se atreven a retarla. 

Y es que no queremos hacer lo que alguien nos dice; queremos hacer lo correcto. Tampoco es que seamos tan buenos, pero lo correcto perdurará más allá de nuestras vidas; alguien más lo recordará. Como recordamos a los filósofos del renacimiento.

Ellos estaban llenos de propósito, y sabían que sus obran perdurarían para siempre. Pero pensaron que la atrabancada emoción racionalista de la ilustración sería perenne, manteniendo la misma intensidad y desbordando entusiasmo.

Tristemente, la ciencia se convirtió en otra institución igual de rentable que la derrocada religión y, por sus cimientos empíricos, terrenales, perfecta para la nueva sociedad que quería tomar el destino en sus manos.

Pero se les olvidó el propósito. 

Los seres humanos nos acostumbramos a todo; incluso al progreso, y su infantil optimismo dejó de ser suficiente para todos. Diría más bien que ya no es suficiente para el espíritu de nadie llegar a la cúspide del logro en el mundo humano, puramente terrenal. Esto se nota en nuestra búsqueda desesperada por la identidad, porque la definimos con base en lo que podemos adquirir.

En esta época, la combinación particular de productos hechos en serie que consumo determina quién soy. Me da mi sello individual. Ya no soy un hijo de dios, único y especial. Soy un comprador que debe de caer en la curva de la normalidad, porque si no lo hago falla todo el sistema. Buscar la individualidad dentro de mí, por mí mismo o bajo mí definición es una herejía tan grande como en sus tiempos fue patear al sacristán en la parroquia. Y es igual de divertido, con la diferencia de que hoy día no te queman en la hoguera por ser tú mismo.

Pero sí te miran raro. Y atraer esas miradas, eso también es divertido.

Y es el centro de todo lo que, históricamente, se ha conocido como "iluminación". Buscar la paz, la plenitud, la belleza, la unidad dentro de ti.

Es, sin lugar a dudas, una actitud peligrosa; y se vuelve fatal para la sociedad si se practica en masa, por lo que no lo recomiendo.

Pero, para los rebeldes que no les importa ese peligro, vamos a hablar de la filosofía iluminista de los principales representantes de la materia en nuestros días, y exploraremos los conceptos básicos del camino del Guerrero y el camino del Héroe hablando de sus autores: Carlos Castaneda y Carl Gustav Jung.

martes, 15 de septiembre de 2015

El Goditeísmo y Tu: ¡Cómo ser feliz con tu trabajo!

¡Hola, mis queridos Godínez!


Este es un blog dedicado a la gente que sabe lo suficiente del mundo para no morir sin la ayuda de un profesional, pero no tiene idea de lo que pasa con la información de su tarjeta de crédito cuando paga una de sus compras.


Para la gente que puede disfrutar un partido de fútbol, pero no entiende las industrias multimillonarias de la publicidad y el comercio con nuestras pasiones que sin duda alguna definen el valor del peso, o por lo menos nos atiborran de publicidad para decirnos en qué deberíamos gastarlo.


En otras palabras, para el ser humano común y corriente; para la "prole", que no quiere pasarse todo el día pensando en la hora de salida (porque verdad de dios que debe de haber una forma más feliz de vivir), pero tampoco pueden irse al monte a meditar porque no saben qué hacer si no pueden comprar papel de baño. 


Para los que quieren vivir mejor, sin dejar el lujo y el confort de la vida moderna. Porque, por muy jodidos que estemos, es una vida lujosa y cómoda si te alcanza para estar leyendo este blog.


Y el problema es que las alternativas a la vida moderna y su creciente depresión apestan. ¿Has visto una clase de yoga? En la antigua India la utilizaban como método para torturar a los trabajadores de oficina. 


La verdad no es cierto.


Si quieres que sea honesto, el yoga que practicas en un gimnasio que seguro cobra la mitad de tu semana como inscripción es un invento que mezcla la gimnasia con la ingenuidad del hombre moderno, y no tiene siquiera 100 años de antigüedad.


Para yoga de a deveras está la de Patanjali, un hindú que dijo "ser humano es la suerte más lamentable de todo el universo; aquí hay 8 ejercicios para corregir ese destino sin tener que abandonar el cuerpo de forma prematura".


Su método consiste en matar de aburrimiento la información de los sentidos en 8 fases distintas, llamadas pasiones estáticas o información del cuerpo, pasiones dinámicas o información de las emociones, y 6 etcéteras más.


Pero el cso es que, para Patanjali, el cuerpo, las emociones, el pensamiento y todo lo demás que nos da la condición de humanidad son accidentes lamentables que deberíamos abandonar.


Y eso, queridos lectores, apesta.


Porque me gusta mi cuerpo, y aunque tu no te sientas completamente a gusto con el tuyo por tener unos kilos de mas o centímetros de menos, oye, ¡tener el cuerpo que tienes es mejor que no tener nada!


Eso es lo que quiero transmitir con este blog.


Que estás bien así como estás. No necesitas dejar de ser tu para ser feliz.


Se que va a ser difícil convencerte, pero para eso le echa uno ganas al estudio.


Para que te des cuenta de que lo que necesitas es divertirte más, y ya con eso vas a sufrir menos. No necesitas volverte liga ni abandonar las "pasiones", los "egos", o lo que sea que te hace sentir inseguro e inferior porque algún gurú de pacotilla o psicólogo de €%#da se le ocurrió inventar que le sobraba al ser humano. Porque estás perfecto así como eres, justo ahora.


De hecho eres tan genial, que a un perfecto desconocido se le ocurrió crear un blog solo para decírtelo.


Y tal vez no sea cierto, porque nadie me va a creer ese cuento de que estamos bien así tal cual. Pero tampoco es cierto que necesites hacerte cirugías estéticas o emocionales para valer la pena.


Eso es lo que llamo "Goditeísmo": la creencia irracional pero reconfortante de que, si acaso no eres perfecto, por lo menos vales la pena.


Así que, sin más que decir, te pido que disfrutes este viaje a través de las filosofías religiosas y meditativas de la humanidad, así como las teorías de psicólogos que pienso descuartizar sin piedad ni respeto hasta que encajen con mi tesis principal: ¡es genial vivir siendo Godínez y tener un SmartPhone!