viernes, 30 de marzo de 2018

La meta de todo #Godinez.

La gente piensa que quiere #éxito, amor y dinero. Algunos soñadores quieren ir un paso más allá y encontrar la trascendencia, aunque sabrá Dios qué significa esa palabra.

Lo que en realidad queremos es #comer sin engordar.

Es más, quisiéramos que los tacos fueran saludables, que el chocolate no tuviera calorías y que el alcohol no nos dejara con resaca; pero si no podemos tener todas esas cosas, por lo menos quisiéramos poder comer sin engordar.

Y no es que comer sea el problema: podemos comer dos hojas de lechuga y una rebanada de queso panela y entonces seríamos saludables, o eso dicen las malas lenguas; pero queremos disfrutar la vida, disfrutar de cada comida, y encima que nos sigan entrando los pantalones que compramos hace 10 años.

El problema es que desde muy pequeños nos enseñan que las cosas que valen la pena cuestan mucho trabajo, son muy desagradables, o nos quitan el valioso tiempo que podríamos usar viendo #memes en el Face. Por eso la gente que le va bien dice cosas como "hay que hacer sacrificios hoy para disfrutar mañana" o qué sé yo. La verdad es que, en general,  son frases muy ciertas. Por eso la mayoría de nosotros prefiere comer como puercos y quejarse de que cada día nos parecemos más a la forma ideal... de una pelota.

Porque es más fácil recordar que "las cosas buenas cuestan trabajo", que el otro lado de la fórmula del éxito. Podemos poner el pretexto de que lo bueno cuesta trabajo y dejar de esforzarnos por eso, pero la gente exitosa suele decir una segunda parte de su trillada frasecita: hay que hacer lo que te gusta para llegar lejos.




La gente no suele recordar esa parte, especialmente porque es muy difícil encontrar un lugar donde te paguen por tragar chocolate y ver maratones de Netflix.

Pero eso nos dice que no siempre sabemos lo que queremos.

Es decir, claro que sí: sabemos que queremos que nos paguen sin trabajar, eso es lo que todos queremos.

Mientras encontramos la fórmula perfecta de la felicidad en un sistema económico que nos de dinero por existir, tenemos que hacer algo con nuestras vidas. Esto suele volverse muy incómodo porque casi siempre estamos haciendo las cosas que nos cayeron en el plato: haciendo lo mejor con lo que tenemos y todo eso.

Pero debe de haber un punto en el que ya tienes asegurado el tupper de cada día, y te puedes dedicar a buscar algo más allá.

"Algo más allá" es una de mis frases favoritas porque significa mucho sin decir nada. Uno de los más grandes dramas de la vida es que nos dejamos influenciar por personas que dice cosas como esa, y suelen ser gente suertuda, masoquista o inmoral.

Cuando las personas tienen esas características tienen todas las posibilidades para encontrar el éxito porque llegaron con una torta bajo el brazo, si son suertudas, o no les molesta sufrir para alcanzar sus objetivos, porque son masoquistas. La gente inmoral, por supuesto, no tiene problemas con robarle la torta a los demás, o hacer que otros sufran por sus cumplir sus objetivos, y la prueba de que pueden volverse muy exitosos es que ya casi nos toca votar por uno de estos infelices para convertirlo en presidente.


Sin embargo, todos ellos tienen algo en común... les importa un cacahuate ir "más allá". La gente verdaderamente exitosa define el éxito a su manera. Si tienes familia, o por lo menos un perro y un #gato que se llevan bien, y eso te hace tan feliz que no te hace falta nada...

Quiero decir, si te falta algo, lucha por ello. Pero si ya eres feliz disfrútalo, porque mientras pienses que el éxito es algo de lo que te convencieron que te falta, entonces no puedes ganar.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Empezar y volver a empezar.

Hay algo que nunca cambia a lo largo de los tiempos, no importa qué tanto avance la #humanidad o cuánta tecnología nueva tengamos: los jefes son unos hijos de $%ta. Lo siento, pero aunque tú seas jefe de alguien, piensas lo mismo de tu superior que la gente a tu cargo piensa de ti.

Y es que hay dos o tres excepciones en este universo, pero esos son los jefes con los que te llevas bien y te dejan llegar sin firmar y generalmente son tus amigos. El resto son unos hijos de $%ta.

No es que esto esté mal. Conociendo a los #Godinez, si tu jefe fuera demasiado comprensivo, probablemente llegarías a trabajar tarde, digamos el martes o miércoles, y pedirías aumento de sueldo para no rebelarte contra del maldito sistema opresor.

El problema viene cuando esta actitud de nuestros supervisores se convierte en algo verdaderamente #tóxico. Cuando te exigen cosas sin sentido, te hablan sin respeto, o no valoran tu trabajo, estamos ante una situación laboral que no le conviene a nadie.

Me doy cuenta de que no siempre es tan fácil renunciar pero, si conoces mi blog, sabrás que no estoy hablando de una situación laboral.

Todo mundo tiene un supervisor adentro de su cabeza: nos observamos constantemente. Eso es lo que, dicen los que saben, nos hace diferentes del resto de los animales.


El ser humano es un ser pensante, menos tu jefe que a parte de gruñón es idiota, pero el resto de nosotros está pensando tonterías todo el tiempo.

Y no digo que esté mal, porque si no fuéramos un poquito estrictos con nosotros mismos pasaríamos la vida en piyama comiendo sopas #maruchan recalentadas.

La cosa es que en este universo necesitamos encontrar un #balance: todos tenemos que hacer cosas que no nos gustan, aguantar situaciones que quisiéramos poder evitar, o simplemente tener una rutina aburrida, pero no tenemos que hacer esto todo el tiempo.

Llega el momento en el que recuperas el control de tu vida.

No hablo de un momento de la rosa de Guadalupe en el que una luz baja del cielo para decirte que estás desperdiciando tu vida viendo memes mientras esperas la hora de salida; hablo del momento en el que sales de trabajar, o terminas con tus responsabilidades, cuando puedes recuperar ese pequeño centímetro cúbico de libertad, que seguramente vas a utilizar echado en tu cama viendo Netflix.


A lo que quiero llegar con esto es que nadie puede decirte que estás haciendo las cosas mal, excepto tu jefe porque, bueno, el jefe manda, pero ya dijimos que es un imbécil.

Tú eres la única persona que puede decidir en qué gasta su tiempo, libre o en horas de trabajo. Nadie puede juzgarte por tus decisiones, así que tampoco te juzgues tú. Eres una persona maravillosa.