lunes, 9 de mayo de 2016

Neurociencia y trabajo: la rutina.

El problema de tener una rutina es que, tarde o temprano, te acostumbras y se vuelve repetitiva. Es decir, eso no siempre es un problema porque una vez que te acostumbras a lo mismo, el reloj avanza más rápido y el fin de semana no se tarda tanto en llegar.

Si claro. También te pagan con ollas de oro y tu jefe se convierte en un unicornio que te deja salir de vacaciones cada que quieres.

No, las rutinas tienen dos efectos sobre la gente: la primera es que, cuando estamos haciendo lo que sea que hagamos que se vuelve rutinario, entramos en una especie de trance letárgico en el que cada segundo parece eterno. Eso es horrible porque intentamos perder el tiempo en cualquier cosa, y al final de una jornada que parece nunca acabar decimos algo como: "¡el día no me alcanzó para nada!"

Eso no sería tan malo si no tuviéramos la bendita costumbre de ponernos a pensar en el próximo día de nuestra rutina, y en el día después de ese. Porque lo único peor que tener que hacer algo que no nos gusta, es saber que al otro día vamos a tener que hacerlo de nuevo.

Por otro lado, cuando hacer algo se vuelve costumbre tendemos a diseñar nuestra vida alrededor de ello; no solo es difícil ir a trabajar entre semana, sino que los fines lo único que queremos es descansar para aguantar la próxima jornada.


Ahora, vamos a hablar un poco acerca de los nervios. No me refiero a esos nervios que se ponen de punta cuando se descompone la máquina de #Cafe; me refiero a los nervios que conectan al cerebro con el resto del cuerpo. Y se ponen de punta cuando se descompone la máquina de café.

Tal vez la ciencia no sepa todo acerca de los nervios, pero hay dos cosas que sabemos con seguridad: la primera es que son unos necios hijos de @&ta, pero no es su culpa. Mira, cuando se acostumbran a hacer algo se forman cadenas de neuronas unidas por un gelatina que se llama... Seguro no te importa. El caso es que hay un cambio físico cuando los nervios adquieren una costumbre. Por eso es tan difícil romperlas, aunque te hagan daño.

La otra cosa que sabemos es que, cuando aprenden, se vuelve mucho más fácil hacer cualquier cosa. Esto quiere decir que la rutina se vuelve automática, pero eso te deja un montón de poder cerebral que seguro no usarás en algo que valga la pena. Por un lado, tener el pensamiento libre nos hace pensar que el tiempo pasa más lento porque, a falta de pan, le ponemos atención a las manecillas del reloj. 

Por otro lado, cuando se trata de una acción que nuestras neuronas tienen dominada, recordamos el día como un bloque de trabajo insípido y uno que otro video de youtube. Parece como si hubiera pasado tan rápido que no te dio tiempo de nada, porque no le pusiste atención a los momentos individuales; solo fueron un paso más de la rutina.

Y esto es una porquería, porque nadie quiere vivir una serie de momentos insípidos que solo pasan en automático mientras dejas que tu cerebro haga todo el trabajo. Quiero decir, el sueño de un #Godinez es que le paguen sin trabajar, pero vivir en automático es una cosa muy diferente. 


La próxima publicación vamos a hablar de cómo recuperar la consciencia de tu rutina, para que deje de ser un martirio automático y se convierta en un martirio del que tienes completo control.

Por lo mientras recuerda que la atención hace toda la diferencia. Si quieres que el tiempo pase más rápido, que se sienta mejor, pon atención a lo que haces y deja de ver tanto la hora. Porque a todo te acostumbras. Mejor acostúmbrate a vivir bien, sea #Lunes o lo que sea.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Meditación y neurología para liberarte del estrés.

Para los seres humanos, toda percepción es una apuesta. Por ejemplo, tú puedes percibir a un presidente inútil e incompetente, mientras que desde el punto de vista de cierto copete lustrado, se ve como el mejor jefe de estado desde el emperador Julio Cesar. Y no lo digo por Bruto.

Tampoco pretendo decir que uno de los dos tenga razón. Digo que todos tenemos nuestra forma de ver las cosas, y está bien.

Lo que no está bien, es pensar que somos algo así como hojas que se lleva el viento en cuanto a nuestras percepciones se refiere. A la gente le cuesta mucho trabajo ser estúpidos de forma consistente como para pensar que solo pasa porque sí.

Todo tiene una razón de ser: la mayoría de las veces, la gente es como es porque no tiene idea lo que significa tener un sistema nervioso. Para no hacerte el cuento largo, significa que lo puedes programar.

Pero la programación es una de las palabras prohibidas de la era moderna. Todos usamos la tecnología, pero muy pocos de nosotros, y me incluyo, sabemos lo que hay detrás. Pensamos que, igual que nuestros pensamientos y creencias, las imágenes de tu monitor o tablet aparecen por obra del espíritu santo. No lo niegues. Todos aquí somos culpables de haber rezado para que no se acabe la batería, o para que nuestro celular encuentre la señal del internet.


Eso es tan estúpido como cuando te estresas y la gente te dice: "oye, cálmate".

¡¡No lo puedo creer!! ¿En serio, genio? Jamás se me hubiera ocurrido calmarme, pero ahora que me lo recomiendas puedo solo hacerlo. Mira como me relajo mientras hago que te comas tu teclado a cachetadas.

Pues yo no te voy a pedir que te calmes. Te voy a enseñar un par de trucos para lograrlo.


Todo empieza por una decisión.

El secreto de todas las tradiciones orientales de meditación y todo eso es: que un zoquete nace cada minuto, y están demasiado dispuestos a separarse de su dinero, si les ofreces una estafa lo bastante convincente. Espera, no. Ese es el secreto de los gurús que te venden algo que se parece a la tradición, porque si te dijeran el truco verdadero, se quedarían sin su negocio.

Verás, en oriente se dice que todos somos responsables de nuestra propia realidad. Es decir, tal vez no, pero tus pensamientos determinan qué piensas acerca de esa realidad. Eso sí lo podemos controlar.


Lo primero que tenemos que hacer es decidir cómo nos queremos sentir, pero la mayoría de nosotros no puede despertar, mirarse en el espejo decir: "hoy voy a ser feliz porque sí".

El secreto del oriente, en pocas palabras, es que todos podemos decidir cambiar nuestro mundo en cualquier momento, al cambiar nuestra forma la forma de pensar en él. Afortunadamente, tienen un truco para lograrlo que se llama meditación.

La Meditación: la capacidad de elegir la obtenemos al hacer consciencia; no es un privilegio que llega por sí solo. Tenemos que ganarlo con esfuerzo y dedicación, o por lo menos saber cómo estafarlo.

El primer paso para lograrlo es observar tu respiración. Cuando sientes cosas como el estrés, las emociones parecen volverse automáticas. Para romper con este flujo, puedes tomar consciencia de lo que sientes y por qué; pero no todos sabemos observarnos. Sin embargo, todo mundo sabe observar su respiración.

Es el truco que utilizamos para conectarnos con el "mundo interno", porque te das cuenta de que las emociones no vienen de la nada, sino que tienes que hacer algo; las emociones no son parte de ti, sino que son el resultado de tus acciones. 

Observar la respiración tiene la doble ventaja de enseñarte que es lo que haces para generar estrés, felicidad, o lo que sea, además de quitarle el control a esa emoción y entrar en un estado de #Mindfulness, en el que tu atención toma las riendas y, como tal, puedes decidir con calma.



El estrés es una costumbre.

Mira, el sistema nervioso es un hijo de &@ta. Y por supuesto que eso significa que nosotros le ensañamos cómo actuar. Lo malo es que nadie nos dijo que teníamos elección. Pensamos que nuestra forma de ser debería de ser una respuesta al ambiente, que no va a ser muy amigable si no eres guapo, rico o bueno en algún deporte. Los flacos y feos como yo estamos jodidos, pero por otro lado, gracias a eso pude aprender todo lo que hoy escribo en #Goditeismo.

Porque si dejara que mi sistema nervioso haga lo que quiera, me traería como los memes traen a la #Lady100Pesos.

No; todo en este mundo es una elección, y todo lo demás es una costumbre. Por eso aprendemos tan bien a estresarnos: lo practicamos mucho.

En cambio, y una vez que sabes cómo quitarle el control al estrés en cualquier momento (la parte de la meditación), lo único que necesitas hacer es practicarlo cada que puedas. No digo que te pongas a buscar nuevas situaciones para estresarte. Digo que disfrutes la libertad que viene con saber que puedes controlar tus emociones.

Pero tienes que aprenderlo a nivel de las neuronas. Eso solo sucede con la práctica. Además, ayuda si cada que detienes tu tensión, haces algo más con tu cerebro. Lo aprovechas para crear felicidad.

Si detienes el estrés, y a parte haces algo que disfrutes (aunque sea tomarte dos minutos de descanso), le vas a enseñar a tu cerebro poco a poco a manejar automáticamente las situaciones complicadas.


La técnica en pasos:
1.- Si sientes estrés, reconócelo. No lo intentes negar.
2.- Observa tu respiración, sin controlarla.
Síguelo haciendo hasta que te sientas mejor. El poner atención hace toda la diferencia entre dejarte controlar por el cerebro emocional, y las funciones superiores.
3.- Haz algo que te cause placer o bienestar. Come chocolate, ve videos de #Gatos, o ve a molestar a tu mejor amigo.

No lo digo yo. Es neurología; es pura ciencia y, si lo utilizas, es genial.

domingo, 1 de mayo de 2016

Qué hacer en caso de estrés acumulado.

Existen muchas cosas para las que somos libres en este mundo. Tristemente, golpear a la gente estúpida que vuelve nuestros #Lunes un pequeño infierno no es una de esas libertades.

Triste, tristemente.

Al menos te puedes alegrar pensando que existen el alcohol y el pastel de #Chocolate. Lo malo que uno deja cruda y el otro engorda. ¿Qué nos queda? Aah claro, está esa opción; pero ¿sabes qué? Bueno... mejor olvídalo. Si pudieras conseguir algo de sexo casual así de fácil, seguro no tendrías un problema de estrés.

Lo mejor que puedes hacer, y por supuesto me refiero a lo mejor después de todo lo que emborracha, engorda o lleva al altar, es conocerte a ti mismo. No me refiero a la forma de conocerse a uno mismo que ha hecho famosas a cierto tipo de páginas en internet, si sabes a lo que me refiero. #GuiñoGuiño. Me refiero a que todos nosotros tenemos un bendito cerebro que desperdiciamos en ver justamente ese tipo de páginas en internet.

Quiero decir, tenemos miles de millones de neuronas con mas conexiones entre ellas que videos de #Gatos en el internet; y las desperdiciamos, bueno, viendo videos de gatos. ¿Pues a qué tipo de páginas pensabas que me estaba refiriendo?

El punto es que, si es verdad que tenemos más conexiones en la cabeza que estrellas en el universo, y esa es comparación modesta; si tenemos una computadora mucho más poderosa que cualquiera que se haya inventado hasta la fecha, y eso que la tecnología sigue avanzando literalmente todos los días; si nuestra mente es el mayor misterio de todo el universo, porque nadie puede explicar en dónde están los sueños de la gente, que a todos nos parecen tan reales hasta que entramos a trabajar como #Godinez y los aplastan con reportes y horarios, entonces debemos de ser capaces de lograr una €&@%% sonrisa los lunes aunque tengamos que trabajar. ¿Cierto?

Eso quiero pensar.

Pero muchas veces lo que nos importa no es el lunes, sino la infame repetición de lo mismo, semana con semana. Al menos hoy muchas oficinas tuvieron piedad, porque si no todos los puentes nos hubieran tocado en fin de semana. Espero de corazón que estés leyendo mi blog desde la comodidad de tu casa, burlándote conmigo de la gente que si tuvo que levantarse temprano.

Oye, un momento, ¡yo tuve que levantarme temprano! Pero eso no cuenta porque yo disfruto lo que hago.


Mira, sé que debería ir al punto y hablar de lo que promete el título: qué hacer en caso de estrés acumulado. Pero no pienses que estoy escribiendo todo esto al azar: lo primero que tienes que aprender es a dejar ir tu necesidad de obtener resultados con todo lo que haces. No está bien, no es divertido, te estresas tú y estresas a la gente alrededor. 

De cierta forma es genial porque así puedes hacer un montón de cosas productivas y tener dinero para pagarle a un analista que te diga por qué odias la vida, pero puedes ahorrarte mucho dinero si te das cuenta de que parte de tu problema es que no sabes cuánto te afecta tu trabajo, a nivel del sistema nervioso. 

Sé que suena como si tu vida laboral fuera un duende maligno, como ese que salía en las caricaturas, intentando sabotear los cables que conectan el cerebro. Pero más bien se parece al famoso perro de Pavlov que se ponía a salivar cada que escuchaba una campana. ¿Conoces la historia? Pues antes de que la psicología fuera una de las profesiones peor pagadas en México, los científicos de la conducta se la pasaban entrenando perros para medir cuánta saliva soltaban cada que veían comida.

Por esas cosas nos pagan tan mal. Quiero decir, ¿quién diablos quiere trabajar contando saliva?

Bueno, el caso es que un tipo llamado Pavlov se dio cuenta de que los perros salivaban cuando escuchaban los pasos de los científicos que los alimentaban; algo así como tú cuando escuchas que falta azúcar en tu casa, o que no tienes plan para el fin de semana, o cualquier cosa que no salga perfecta e, inmediatamente, te pones en modo Super Godínez a querer solucionar todos los problemas del universo porque si no te corren. ¿Ves? Ya no necesitas comida: respondes automáticamente a cualquier situación que se le parezca a tu trabajo.

Después de un rato, tu sistema nervioso se acostumbra a ese estado de tensión, y ¡pum, papá! Tienes un horrible caso de estrés acumulado.

No sé por qué no enseñan este tipo de cosas en la primaria. Si lo hicieran, todo mundo entendería que debe enseñarle a su cerebro a relajarse después de solucionar una crisis. 

¿Cómo se hace eso? Pues la próxima entrada vamos a ver cómo hacerlo más rápido, pero por lo pronto puedes acostumbrarte a tomarte 5 minutos de descanso baboseando en internet cada que cumples un paso de tu proyecto. En verdad funciona. Tarde o temprano te vas a enseñar que, después de cada crisis, viene un momento de calma que tienes todo derecho de disfrutar.


En serio; eres genial. Si tienes mucho estrés, eres genial y responsable, así que trátate como mereces: tan bien como te permita tu presupuesto después de gastarlo en pende&@€#$.

Todo lo que somos es una decisión constante de ser lo que nos gusta, o de alejarnos de ese ideal. No hay término medio. Hagas lo que hagas, te acostumbras si lo repites el suficiente tiempo, y por supuesto que no puedes cambiar de inmediato. Pero en el momento que tu lo decidas, por lo menos puedes empezar.


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