Si claro. También te pagan con ollas de oro y tu jefe se convierte en un unicornio que te deja salir de vacaciones cada que quieres.
No, las rutinas tienen dos efectos sobre la gente: la primera es que, cuando estamos haciendo lo que sea que hagamos que se vuelve rutinario, entramos en una especie de trance letárgico en el que cada segundo parece eterno. Eso es horrible porque intentamos perder el tiempo en cualquier cosa, y al final de una jornada que parece nunca acabar decimos algo como: "¡el día no me alcanzó para nada!"
Eso no sería tan malo si no tuviéramos la bendita costumbre de ponernos a pensar en el próximo día de nuestra rutina, y en el día después de ese. Porque lo único peor que tener que hacer algo que no nos gusta, es saber que al otro día vamos a tener que hacerlo de nuevo.
Por otro lado, cuando hacer algo se vuelve costumbre tendemos a diseñar nuestra vida alrededor de ello; no solo es difícil ir a trabajar entre semana, sino que los fines lo único que queremos es descansar para aguantar la próxima jornada.
Ahora, vamos a hablar un poco acerca de los nervios. No me refiero a esos nervios que se ponen de punta cuando se descompone la máquina de #Cafe; me refiero a los nervios que conectan al cerebro con el resto del cuerpo. Y se ponen de punta cuando se descompone la máquina de café.
Tal vez la ciencia no sepa todo acerca de los nervios, pero hay dos cosas que sabemos con seguridad: la primera es que son unos necios hijos de @&ta, pero no es su culpa. Mira, cuando se acostumbran a hacer algo se forman cadenas de neuronas unidas por un gelatina que se llama... Seguro no te importa. El caso es que hay un cambio físico cuando los nervios adquieren una costumbre. Por eso es tan difícil romperlas, aunque te hagan daño.
La otra cosa que sabemos es que, cuando aprenden, se vuelve mucho más fácil hacer cualquier cosa. Esto quiere decir que la rutina se vuelve automática, pero eso te deja un montón de poder cerebral que seguro no usarás en algo que valga la pena. Por un lado, tener el pensamiento libre nos hace pensar que el tiempo pasa más lento porque, a falta de pan, le ponemos atención a las manecillas del reloj.
Por otro lado, cuando se trata de una acción que nuestras neuronas tienen dominada, recordamos el día como un bloque de trabajo insípido y uno que otro video de youtube. Parece como si hubiera pasado tan rápido que no te dio tiempo de nada, porque no le pusiste atención a los momentos individuales; solo fueron un paso más de la rutina.
Y esto es una porquería, porque nadie quiere vivir una serie de momentos insípidos que solo pasan en automático mientras dejas que tu cerebro haga todo el trabajo. Quiero decir, el sueño de un #Godinez es que le paguen sin trabajar, pero vivir en automático es una cosa muy diferente.
La próxima publicación vamos a hablar de cómo recuperar la consciencia de tu rutina, para que deje de ser un martirio automático y se convierta en un martirio del que tienes completo control.
Por lo mientras recuerda que la atención hace toda la diferencia. Si quieres que el tiempo pase más rápido, que se sienta mejor, pon atención a lo que haces y deja de ver tanto la hora. Porque a todo te acostumbras. Mejor acostúmbrate a vivir bien, sea #Lunes o lo que sea.

