viernes, 11 de diciembre de 2015

Cómo hacer que te rindan las vacaciones.

La parte difícil del año, o sea casi todo, ya está por terminar: solo queda esperar una o dos semanas para salir de vacaciones: entonces podrás entrar en esa hermosa época de #LosJuegosDelHambre versión navideña para comprar los regalos que debiste haber conseguido hace un mes pero, aceptémoslo, si ni siquiera a tu jefe le das los reportes a tiempo, la gente no tiene nada que hacer esperando que le des sus regalos al día.

Bueno, eso si eres de los afortunados que tienen vacaciones de diciembre. Si no, recuerda que todas las vacaciones tienen una parte buena y una parte mala: la buena es es que vas a tener todo el día para dormir como se debe: en tu cama, porque eso de estarse durmiendo en la oficina no es bueno para uno. Aunque seas uno de los 15 #Godínez responsables en la república mexicana, seguro te pasaste la mitad del año laboral en modo zombie.

Lo malo es que con la época navideña viene la comida de #Navidad. Eso estaría perfecto, pero con todo gran banquete vienen unas enormes llantas que vas a tener que bajar el resto del año.

Si no te tocan vacaciones en estas fechas, no te preocupes: puedes seguir durmiendo en tu oficina y burlarte de la gente que va a subir de peso por andar de flojos todo el día comiendo como puercos.

En la publicación pasada hablé del ritmo de los Godínez. Podríamos decir que el verdadero ritmo es ganar pancita en los días festivos y bajarla con el estrés el resto del año. Porque de algo nos tiene que servir trabajar: la mayoría de nosotros no quiere ir al gimnasio, pero para eso tenemos una dieta a base de café y desveladas: para asegurar que nos mantendremos en nuestro peso ideal.

Pero en esa publicación hablé de otra cosa: la vida doble del Godínez que va desde una actitud amigable, cordial, que oculta perfectamente tus ganas de asesinar a los compañeros de trabajo porque no respetaron el queso que dejaste en el refri de la oficina, hasta el monstruo verde de colmillos tan feroces como las engrapadoras, en el que nos convertimos cuando el idiota del jefe ya te pidió el cuarto cambio al reporte de esta semana y la fecha límite es para ayer.


Porque hay que aceptarlo: un Godínez no sufre de estrés, sufre por tener un imbécil como jefe (o como cliente), y eso lo estresa. Es diferente.

Pues es hora de mandar todo eso por un tubo. Quiero decir, no justamente ahorita, pero ya casi vas a salir de vacaciones, y eso es algo genial. Te voy a dar un par de consejos para que puedas aprovechar tus vacaciones al máximo. No te voy a dar destinos turísticos: te recomiendo que vayas a donde quieras y que te alcance. Más bien te voy a recomendar como aprovechar las vacaciones al máximo para regresar con toda la pila del mundo, porque odiar la oficina es un trabajo difícil y necesitas de todo tu entusiasmo.

El primer consejo es que te pases una o dos semanas antes de salir de vacaciones para buscar qué te gustaría hacer. Si leíste mi publicación anterior sabrás que no es conveniente estar trabajando a mil por hora y, así de repente, desplomarte como tronco. Incluso en vacaciones es conveniente mantenernos activos. No te pido que hagas algo productivo. Solo no te quedes viendo Netflix todo el día, porque el ritmo es muy importante para el cuerpo y la mente; si cortas tu ritmo de golpe, vas a resentirlo después.

Así que tómate un par de días antes de salir de vacaciones para buscar una escuela de música, de baile, o simplemente para ver los catálogos de todas las tiendas que quieras visitar. No tienes que comprar nada, porque es importante guardarse al menos un poco del aguinaldo, pero eso no te impide ir de tienda en tienda babeando por todas las cosas que podrías conseguir.

A lo que voy es que, si de todos modos no vas a hacer nada en tu trabajo antes de salir de vacaciones, y la verdad es que nadie hace nada antes de salir por estar tan cansados como emocionados, pues aprovecha para planear qué vas a hacer con tu vida los días que no tengas que vivir atado a un reloj. Porque es importante disfrutar un poquito, todos los días de tu vida; esto se vuelve más importante si, en todo el día, no tienes nada que hacer más que disfrutar.

Y es esencial si quieres viajar fuera de tu pueblo, porque si no investigas bien qué puedes hacer, a donde ir y todo eso, solo te van a agarrar las prisas cuando llegues allá.

El otro consejo que tengo es exactamente lo contrario: cuando estés a punto de regresar a la oficina, pon el despertador a las 11 de la madrugada para que disfrutes tus últimos días de descanso, pero aún así regreses poco a poco a tu ritmo y rutina.


Porque, de verdad, los ciclos y las costumbres definen la vida de la gente. No podemos hacer las cosas de golpe.

Pero podemos hacer las cosas de forma que nos permitan descansar, disfrutar y volver a la rutina del trabajo que, aceptémoslo, todos odiamos un poquito, pero nos acabamos acostumbrando,

martes, 8 de diciembre de 2015

Por qué las fiestas no le alcanzan a un Godínez.

En la publicación pasada hablé del ritmo que tenemos como #Godínez: trabajamos como zombies la mayoría del año, como esclavos cuando tenemos que entregar proyecto y, a veces, tenemos descansos que deberían servir para olvidarnos de todo lo anterior. Pero como esperamos todo el año para que nos lleguen los días feriados, queremos aprovecharlos para hacer algo que valga la pena con nuestra vida fuera de la oficina y acabamos agotándonos más.

A veces necesitamos vacaciones para descansar de las vacaciones.

Pero ya sea que tengas una jornada libre por puentes, día de la secretaria o porque el perrito del jefe tuvo bebés y quiere estar con él, hay dos cosas que puedo apostar que vas a hacer en tu descanso: dormir como tronco todo el bendito día, o ir a tener una aventura digna de los héroes de #StarWars que te va a dejar exhausto.

Si te vas a alguno de los dos extremos... Bueno, permíteme empezar diciendo que es muy entendible si haces algo así por lo que dije al principio: los Godínez vivimos en una rutina que parece que absorbe toda nuestra vida. Tenemos que trabajar todo el día y, cuando salimos, estamos muy cansados para hacer algo más que descansar. 

Cuando pasa algo que rompe esa rutina nos emocionamos porque recordamos aquellos tiempos felices en los que éramos libres de tomar hasta desmayarnos en jueves y, al otro día, la única consecuencia era entrar crudo a una clase que de todos modos no le ibas a poner atención.

Así que queremos aprovecharlo; pero a estas alturas la vida de oficina ya aplastó nuestros sueños e imaginación (exagero, pero para escribir necesitas meterle un poco de drama) a tal grado que solo se nos ocurre dormir o, al contrario, nos sentimos tan atrapados por ese trabajo que queremos jugar Gotcha 16 horas seguidas aunque no nos hayamos movido por 3 años del escritorio.


Porque pensamos que la rutina debe romperse como vaso de borracho: de golpe; pero más bien debe romperse como los sueños de un Godínez, o sea poco a poco. Está bien, dejaré en paz esa metáfora.

La verdad es que los Godínez no dejan de soñar: solo se dan cuenta que deja más dinero el trabajo de oficina y, hay que aceptarlo, el internet, la televisión plana y un teléfono decente son un buen sustituto para cumplir tus sueños. 

Pero no tiene por qué ser así.

El día que te gradúas como Godínez es en el mismo momento en el que ya no te da miedo sacar tu teléfono en el trabajo para jugar Candy Crush. Cuando entras a trabajar hasta respetas, pero después de un rato te das cuenta de ue tu jefe odia su trabajo tanto como tú, pero a él le pagan mejor por quejarse. Así que dices: "al diablo", y empiezas a ocupar tu tiempo para jugar a los dulcecitos; oye, por lo menos así estás seguro de que vas a subir de nivel por tu esfuerzo.

Lo malo de ser un Godínez graduado es que, cuando no tienes que ir a trabajar, no sabes qué hacer en tus descansos porque todos tus pasatiempos ya los gastaste al matar tiempo esperando la hora de salida; por eso solo te queda la opción de hibernar, viajar a otra galaxia para luchar contra el mal (o por lo menos aventarte del paracaídas), o lo peor de todo: sentir que desperdiciadte tu puente.

Es por eso que no importa cuántos días feriados tengas, el tiempo que duren tus vacaciones o cualquier pretexto que te agarres para descansar: parece que no te alcanza para volver a sentirte relajado.

Pues en este artículo explico por qué esa es una ilusión, pero hoy traigo buenas noticias: existe una forma de romperla y volver a trabajar sintiéndote relajado.

La forma más fácil es empezando a trabajar en algo que te guste, pero eso ya te lo dije antes y espero que estés echándole ganas para lograrlo, porque se puede. Quiero decir, mira cuántos niveles ya avanzaste en el Candy Crush. Seguro te tardas menos en sacar un título universitario de la UNAM por internet.

Alguien me dijo que la maestría es la nueva licenciatura, y los salarios de algunos egresados me hacen pensar que es realidad. Estoy seguro que puedes encontrar un montón de programas a distancia con una búsqueda rápida en Google.

El caso es que no puedes romper años de una rutina en un solo fin de semana. Tienes que darte tiempo para recuperar el entusiasmo NO por tu trabajo, sino por tu vida. Se que suena a galleta de la fortuna, pero si tus dos opciones al tener tiempo fuera de la oficina son apagarte o agotarte, quiere decir que necesitas empezar a disfrutar un poco solo VIVIR.

Eso, como todo, es una costumbre. Así que permíteme recomendarte que te acostumbres a pasártela bien. Baja un juego nuevo para tu celular, cómprate otra piyama o qué se yo: alócate un poco todos los días.


Quiero decir, no tiene que ser algo fuera de lo común para ser genial, ¿está bien? Solo tienes que disfrutarlo. Pero si haces algo que te agrade todos los días, cuando al fin descanses podrás hacerlo más.

Y como todos los buenos hábitos empiezan por pequeñas acciones, les tengo excelentísimas noticias, mis Godínez: el #GuadalupeReyes de este año empieza en sábado.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Controlando el ritmo de la relajación y el estrés.

Existen dos extremos en la vida de un #Godinez: la felicidad y el trabajo. Entre estos dos estados opuestos y contradictorios, encontramos todos los matices que le dan color a nuestra existencia como el Youtube, tu grupo de memes en Whatsapp y cosas como el cansancio cuando dejas de ver tu teléfono para ponerte a trabajar.

Eso es importante porque el cansancio parece que se acumula y, después de un tiempo, deja de ser un ritmo entre el estrés y el ocio para parecerse más a un mosquito que ni te pica ni te deja de molestar. 

Hay varias razones por las que el estrés parece acumularse; y digo parece porque la verdad es que el estrés no existe. Sé que no me crees porque la última vez que tuviste que entregar un proyecto estabas tan lleno de tensión que querías golpear con un teclado a cualquier infeliz que llegara a presumirte una sonrisa.

Porque así funcionan estas cosas: si tu estás alterado, nadie tiene derecho de ser feliz.

Esto pasa porque los seres humanos tenemos unas cosas geniales en el cerebro llamadas "neuronas en espejo"; básicamente nos permiten empatizar y, como su nombre lo dice, reflejar otras personas. Esto lo hacemos a través de una "simulación" del otro dentro de nuestra cabeza: sus expresiones, su postura, su tensión corporal y las emociones que podemos entender.

Esa es la clave de todo esto, porque solo podemos reflejar lo que podemos entender; el problema es que, cuando estamos angustiados porque la fecha límite del proyecto es mañana y tu acabas de cerrar el Face, si vemos a alguien sonriente tenemos que reflejar su estado anímico para poder entenderlo. Pero si relajáramos nuestra tensión para entrar en su "espacio mental" feliz, volveríamos a abrir el Facebook y perderíamos 4 horas más.


Por eso queremos alejarnos de la gente demasiado relajada cuando estamos estresados, y lo peor que puedes hacer cuando ves a alguien así es pedirle que se relaje. Los Godínez necesitamos estar tensos para poder trabajar. La próxima semana voy a hablar un poco más de esto, así que te recomiendo que te des una vuelta el viernes para leer mi artículo sobre "como trabajar sin tener que motivarte con estrés".

Mientras aléjate de todo mundo que parezca tener una cara más feliz que tú y recuerda que estamos a unas semanas de empezar las #Vacaciones de diciembre. Esto es genial porque te puedo apostar que el primer día de descanso te vas a despertar a las 6 de la mañana para ir a trabajar y, cuando veas el calendario y recuerdes que saliste, va a ser el día más feliz de tu existencia. Para el miércoles o jueves vas a sentirte como si nunca hubieras trabajado en toda tu vida; probablemente ni te quites la piyama hasta las 2 de la tarde.

Eso es un fenómeno interesantísimo que se da porque los seres humanos nos parecemos al perro de Pavlov en un sentido: cuando aprendemos algo, cualquier situación que nos recuerde ese aprendizaje va a disparar todo lo que tenemos asociado. Por ejemplo, una vez que tu cerebro registra que estás de vacaciones, dice "al diablo la vida laboral" y entra en modo flojera nivel gato. El otro ejemplo explica por qué digo que el estrés no existe.

Quiero decir, si cuando te das cuenta que estás de vacaciones te relajas como gelatina sin cuajar, también debe de funcionar al contrario, ¿cierto? Cada que sientes una tensión verdaderamente fuerte tu cerebro retoma la tensión de las veces anteriores que estuviste presionado y, si no es suficiente para hacerte cerrar el Youtube, le agrega un poquito más. Por eso pareciera que la fatiga (que no existe) se junta: porque de cierta manera sí se acumula.

Pero si digo que no existe es porque tu cerebro hace un montón de cosas para que puedas decir "estoy hasta la &€%#&". Necesitas cierto nivel de tensión muscular, recordar algunas emociones y ver al tipo feliz que nunca falta para recordarte lo estresado que estás.


Si se te está "juntando la fatiga" y no ves la hora de poder descansar 18 horas seguidas sin tener que preocuparte por nada, te recomiendo el ejercicio de #Meditación más importante de todos: observa tu respiración.

Así podrás entender que el estrés no existe: existen los cambios en tu cuerpo y, si observas tu respiración, puedes observarlos. Porque al entender las causas de la tensión, que siempre están en ti (literalmente: en tu cuerpo, postura, etc) puedes disolverla.