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martes, 8 de diciembre de 2015

Por qué las fiestas no le alcanzan a un Godínez.

En la publicación pasada hablé del ritmo que tenemos como #Godínez: trabajamos como zombies la mayoría del año, como esclavos cuando tenemos que entregar proyecto y, a veces, tenemos descansos que deberían servir para olvidarnos de todo lo anterior. Pero como esperamos todo el año para que nos lleguen los días feriados, queremos aprovecharlos para hacer algo que valga la pena con nuestra vida fuera de la oficina y acabamos agotándonos más.

A veces necesitamos vacaciones para descansar de las vacaciones.

Pero ya sea que tengas una jornada libre por puentes, día de la secretaria o porque el perrito del jefe tuvo bebés y quiere estar con él, hay dos cosas que puedo apostar que vas a hacer en tu descanso: dormir como tronco todo el bendito día, o ir a tener una aventura digna de los héroes de #StarWars que te va a dejar exhausto.

Si te vas a alguno de los dos extremos... Bueno, permíteme empezar diciendo que es muy entendible si haces algo así por lo que dije al principio: los Godínez vivimos en una rutina que parece que absorbe toda nuestra vida. Tenemos que trabajar todo el día y, cuando salimos, estamos muy cansados para hacer algo más que descansar. 

Cuando pasa algo que rompe esa rutina nos emocionamos porque recordamos aquellos tiempos felices en los que éramos libres de tomar hasta desmayarnos en jueves y, al otro día, la única consecuencia era entrar crudo a una clase que de todos modos no le ibas a poner atención.

Así que queremos aprovecharlo; pero a estas alturas la vida de oficina ya aplastó nuestros sueños e imaginación (exagero, pero para escribir necesitas meterle un poco de drama) a tal grado que solo se nos ocurre dormir o, al contrario, nos sentimos tan atrapados por ese trabajo que queremos jugar Gotcha 16 horas seguidas aunque no nos hayamos movido por 3 años del escritorio.


Porque pensamos que la rutina debe romperse como vaso de borracho: de golpe; pero más bien debe romperse como los sueños de un Godínez, o sea poco a poco. Está bien, dejaré en paz esa metáfora.

La verdad es que los Godínez no dejan de soñar: solo se dan cuenta que deja más dinero el trabajo de oficina y, hay que aceptarlo, el internet, la televisión plana y un teléfono decente son un buen sustituto para cumplir tus sueños. 

Pero no tiene por qué ser así.

El día que te gradúas como Godínez es en el mismo momento en el que ya no te da miedo sacar tu teléfono en el trabajo para jugar Candy Crush. Cuando entras a trabajar hasta respetas, pero después de un rato te das cuenta de ue tu jefe odia su trabajo tanto como tú, pero a él le pagan mejor por quejarse. Así que dices: "al diablo", y empiezas a ocupar tu tiempo para jugar a los dulcecitos; oye, por lo menos así estás seguro de que vas a subir de nivel por tu esfuerzo.

Lo malo de ser un Godínez graduado es que, cuando no tienes que ir a trabajar, no sabes qué hacer en tus descansos porque todos tus pasatiempos ya los gastaste al matar tiempo esperando la hora de salida; por eso solo te queda la opción de hibernar, viajar a otra galaxia para luchar contra el mal (o por lo menos aventarte del paracaídas), o lo peor de todo: sentir que desperdiciadte tu puente.

Es por eso que no importa cuántos días feriados tengas, el tiempo que duren tus vacaciones o cualquier pretexto que te agarres para descansar: parece que no te alcanza para volver a sentirte relajado.

Pues en este artículo explico por qué esa es una ilusión, pero hoy traigo buenas noticias: existe una forma de romperla y volver a trabajar sintiéndote relajado.

La forma más fácil es empezando a trabajar en algo que te guste, pero eso ya te lo dije antes y espero que estés echándole ganas para lograrlo, porque se puede. Quiero decir, mira cuántos niveles ya avanzaste en el Candy Crush. Seguro te tardas menos en sacar un título universitario de la UNAM por internet.

Alguien me dijo que la maestría es la nueva licenciatura, y los salarios de algunos egresados me hacen pensar que es realidad. Estoy seguro que puedes encontrar un montón de programas a distancia con una búsqueda rápida en Google.

El caso es que no puedes romper años de una rutina en un solo fin de semana. Tienes que darte tiempo para recuperar el entusiasmo NO por tu trabajo, sino por tu vida. Se que suena a galleta de la fortuna, pero si tus dos opciones al tener tiempo fuera de la oficina son apagarte o agotarte, quiere decir que necesitas empezar a disfrutar un poco solo VIVIR.

Eso, como todo, es una costumbre. Así que permíteme recomendarte que te acostumbres a pasártela bien. Baja un juego nuevo para tu celular, cómprate otra piyama o qué se yo: alócate un poco todos los días.


Quiero decir, no tiene que ser algo fuera de lo común para ser genial, ¿está bien? Solo tienes que disfrutarlo. Pero si haces algo que te agrade todos los días, cuando al fin descanses podrás hacerlo más.

Y como todos los buenos hábitos empiezan por pequeñas acciones, les tengo excelentísimas noticias, mis Godínez: el #GuadalupeReyes de este año empieza en sábado.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cómo descansar mucho en poco tiempo.

Una de las realidades más generales en la vida de todo #Godínez es que, tarde o temprano, te va a llegar un momento en el que tengas más trabajo que una mula en temporada de hambre. Vas a estar de aquí para allá con muy poco tiempo libre y tendrás que elegir entre dormir o entregar tus proyectos.

Y todavía teníamos el descaro de quejarnos por las tareas de la universidad.

Bueno, pues la buena noticia es que siempre vas a tener un momento para relajarte; no digo que un momento muy largo, pero te voy a enseñar a aprovechar esos ratitos libres.

Como dije en esta publicación, para restaurarte como se debe primero tienes que distraerte y luego hacer algo que te haga feliz. Vamos a hablar un poco de neurología marca #Goditeismo para que aprendas cómo hacerlo mejor.

Lo primero que debes saber es que existen diferentes tipos de ondas en tu cerebro. Unas son más rápidas: te sirven para trabajar estar alerta y emocionarte, mientras que otras son más lentas y te sirven básicamente para todo lo demás. Esto nos interesa porque, a menos que lleves tu equipo de escaneo cerebral a la oficina junto con un diplomado en neurofeedback, en realidad no importa que te diga el nombre y frecuencia de cada onda. Solo recuerda: entre más rápidas tus ondas, menos te puedes relajar; entre más lentas sean, tus reacciones no serán tan inmediatas.

Mira, yo no tengo ni doctorado ni diplomado ni nada de eso; pero si quieres saber qué tan rápido está funcionando tu cerebro en un momento determinado, pon música lenta y piensa por un momento si te mata de aburrimiento o te agrada. Luego pon música rápida y date cuenta si acaso te estresa o te parece el ritmo ideal. No necesitas poner Death Metal y cantos tibetanos; puedes utilizar la música que te agrada, pero todos los géneros tienen piezas más movidas y más calmadas.




Así que lo primero tienes que hacer, después de diagnosticar qué tan rápido está funcionando tu cerebro, es bajarle las revoluciones. No intentes calmarte de golpe: ponte a caminar un rato, juega #CandyCrush o lo que sea. En pocas palabras, tómate uno o dos minutos para seguir activo pero rompiendo tu rutina, y enfocándote en llevar un ritmo menor.

Una vez que dejes de sentirte como si el mundo entero estuviera corriendo, es hora de pone la música de meditación. Haz tus ejercicios de yoga, visualiza lo que sea que visualices o, si no crees en esas patrañas, observa tu respiración. Hazlo hasta que la música de meditación te deje de parecer aburrida, y disfrútala por un par de minutos.

Una vez que logras este estado las ondas de tu cerebro permitirán una recuperación más rápida. Haz algo que disfrutes: ver videos o platicar por WhatsApp. Cualquier pequeño placer te va a ayudar mucho en este estado. Incluso puedes comerte un chocolate y preocuparte luego por la dieta. Lo único que importa es que te sientas bien: no te imaginas la cantidad de beneficios, neurológicos y físicos, que tiene el bienestar emocional.

Cuando te sientas mejor cierra la aplicación, video, o tira la envoltura del chocolate y vuelve a agarrar impulso. Pon música rápida, respira más rápidamente por unos 20 segundos, o tal vez estírate como gato y prepárate para volver a trabajar. Recuerda que tienes que volver a subir el ritmo de tus ondas cerebrales, pero hazlo poco a poco. Si esas cosas te funcionan, pon música más activa hasta que te parezca un ritmo normal. Ayuda si te pones a mover la cabeza y cantar a la par, pero recuerda que te vas a ver un poco ridículo.




Sin importar qué cosas específicas decidas hacer, recuerda que lo primero que tienes que hacer es bajar el ritmo. Disfruta un momento de ese estado de paz, y haz algo que te haga sentir mejor, cosas que te causen alegría. Luego, recupera tu estado de alerta poco a poco.

Es tu cerebro, tu ritmo, tu realidad. Tu tienes el control, siempre y cuando decidas tomarlo.