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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cómo descansar mucho en poco tiempo.

Una de las realidades más generales en la vida de todo #Godínez es que, tarde o temprano, te va a llegar un momento en el que tengas más trabajo que una mula en temporada de hambre. Vas a estar de aquí para allá con muy poco tiempo libre y tendrás que elegir entre dormir o entregar tus proyectos.

Y todavía teníamos el descaro de quejarnos por las tareas de la universidad.

Bueno, pues la buena noticia es que siempre vas a tener un momento para relajarte; no digo que un momento muy largo, pero te voy a enseñar a aprovechar esos ratitos libres.

Como dije en esta publicación, para restaurarte como se debe primero tienes que distraerte y luego hacer algo que te haga feliz. Vamos a hablar un poco de neurología marca #Goditeismo para que aprendas cómo hacerlo mejor.

Lo primero que debes saber es que existen diferentes tipos de ondas en tu cerebro. Unas son más rápidas: te sirven para trabajar estar alerta y emocionarte, mientras que otras son más lentas y te sirven básicamente para todo lo demás. Esto nos interesa porque, a menos que lleves tu equipo de escaneo cerebral a la oficina junto con un diplomado en neurofeedback, en realidad no importa que te diga el nombre y frecuencia de cada onda. Solo recuerda: entre más rápidas tus ondas, menos te puedes relajar; entre más lentas sean, tus reacciones no serán tan inmediatas.

Mira, yo no tengo ni doctorado ni diplomado ni nada de eso; pero si quieres saber qué tan rápido está funcionando tu cerebro en un momento determinado, pon música lenta y piensa por un momento si te mata de aburrimiento o te agrada. Luego pon música rápida y date cuenta si acaso te estresa o te parece el ritmo ideal. No necesitas poner Death Metal y cantos tibetanos; puedes utilizar la música que te agrada, pero todos los géneros tienen piezas más movidas y más calmadas.




Así que lo primero tienes que hacer, después de diagnosticar qué tan rápido está funcionando tu cerebro, es bajarle las revoluciones. No intentes calmarte de golpe: ponte a caminar un rato, juega #CandyCrush o lo que sea. En pocas palabras, tómate uno o dos minutos para seguir activo pero rompiendo tu rutina, y enfocándote en llevar un ritmo menor.

Una vez que dejes de sentirte como si el mundo entero estuviera corriendo, es hora de pone la música de meditación. Haz tus ejercicios de yoga, visualiza lo que sea que visualices o, si no crees en esas patrañas, observa tu respiración. Hazlo hasta que la música de meditación te deje de parecer aburrida, y disfrútala por un par de minutos.

Una vez que logras este estado las ondas de tu cerebro permitirán una recuperación más rápida. Haz algo que disfrutes: ver videos o platicar por WhatsApp. Cualquier pequeño placer te va a ayudar mucho en este estado. Incluso puedes comerte un chocolate y preocuparte luego por la dieta. Lo único que importa es que te sientas bien: no te imaginas la cantidad de beneficios, neurológicos y físicos, que tiene el bienestar emocional.

Cuando te sientas mejor cierra la aplicación, video, o tira la envoltura del chocolate y vuelve a agarrar impulso. Pon música rápida, respira más rápidamente por unos 20 segundos, o tal vez estírate como gato y prepárate para volver a trabajar. Recuerda que tienes que volver a subir el ritmo de tus ondas cerebrales, pero hazlo poco a poco. Si esas cosas te funcionan, pon música más activa hasta que te parezca un ritmo normal. Ayuda si te pones a mover la cabeza y cantar a la par, pero recuerda que te vas a ver un poco ridículo.




Sin importar qué cosas específicas decidas hacer, recuerda que lo primero que tienes que hacer es bajar el ritmo. Disfruta un momento de ese estado de paz, y haz algo que te haga sentir mejor, cosas que te causen alegría. Luego, recupera tu estado de alerta poco a poco.

Es tu cerebro, tu ritmo, tu realidad. Tu tienes el control, siempre y cuando decidas tomarlo.