jueves, 12 de noviembre de 2015

Cómo limpiarse la mala suerte.

El psicólogo americano Carl Rogers un día despertó en su casa, como suelen hacer las personas, y decidió hacer una revolución en el mundo de la psicología. Esta es una actitud un poco más rara, pero la verdad es que el siglo pasado hubo tantas revoluciones que ya no sé si debería admirarlo, o pensar que los psicólogos deberían dejar de revolucionar tanto y ponerse a ayudar a la gente.

Por supuesto, su enfoque fue tan radical como necesario: el pensaba que los psicólogos deberían escuchar al paciente. Y es radical porque, de verdad, ¿en qué cabeza cabe que un profesional entrenado debería dejarse guiar por una persona que ni siquiera puede ordenar su propia realidad?

El psicoanálisis le pide al terapeuta interpretar a través de sus teorías y experiencia las elaboraciones del paciente; si no saben qué decir, siempre pueden hablar de su mamá. En el análisis de la conducta, si te portas bien tu terapeuta te dará una galletita con la esperanza de que olvides que puedes comprar una caja de galletas en cualquier momento; así te volverás a portar bien para que el terapeuta te siga recompensando.

La corriente humanista de Rogers, en cambio, le pide al terapeuta callarse de una buena vez y escuchar lo que tienes que decir. Porque a veces la gente solo necesita poder hablar. Cuando el paciente se da cuenta de las locuras que está diciendo, le da tanta pena que decide cambiar inmediatamente y se resuelve su problema. Eso pasaría en un mundo feliz, pero la verdad es que ni a los ingenieros que utilizan matemáticas les funciona la teoría el 100% de las veces.




Por eso desarrolló una serie de teorías que explican por qué, cuando no funciona una terapia humanista, es culpa del terapeuta, de la brisa matutina o de #EPN, pero nunca tienen la culpa ni el paciente ni el terapeuta.

Una de las mejores teorías es la de la esfera perceptual. Para no hacerte el cuento largo, dice que si te va mal es porque tienes una piedrita afilada en algún lugar de tu zapato mental; no podemos dividir la consciencia, así que si tu realidad necesita un ajuste en una de las partes obviamente va a afectar al resto.

Si no me crees, pégate en el dedo chiquito del pie e intenta jugar #AngryBirds. Tu pie no tiene nada que ver con la mente, los dedos o el celular, pero si me permites hacer una predicción lo vas a mandar al diablo a los 4 segundos y el que va a acabar enojado eres tu.

Por favor no te pegues en el dedo chiquito del pie. Como el resto de la mente, solo es una metáfora.

El caso es que lo que te pase en tu día, en tu pasado o las tormentas que existen solamente en tu cabeza van a afectar el resto de tu vida porque no somos un rompecabezas: somos humanos. No estamos hechos del cuerpo y la mente: somos cuerpo y mente.

Así podemos explicar de la forma más humanista y menos supersticiosa posible el fenómeno de la mala suerte: no es que el universo conspire en tu contra. Pasa algo mucho más sencillo y es que, más bien, eres un idiota.




Hasta aquí me duró el humanismo, porque es mejor ser más realistas: tómate un segundo para pensar qué te molesta, y un poquito más de tiempo para resolverlo. La mayoría de tus problemas van a soltar soluciones en el momento en que decidas enfrentarlos y, si no es así, siempre puedes pedir ayuda o ponerte borracho.

Porque somos humanos, y el humanismo de Rogers dice que eso está bien. Pero, si te va mal, no le eches la culpa al #Viernes13, porque entonces no puedes hacer nada al respecto.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cómo descansar mucho en poco tiempo.

Una de las realidades más generales en la vida de todo #Godínez es que, tarde o temprano, te va a llegar un momento en el que tengas más trabajo que una mula en temporada de hambre. Vas a estar de aquí para allá con muy poco tiempo libre y tendrás que elegir entre dormir o entregar tus proyectos.

Y todavía teníamos el descaro de quejarnos por las tareas de la universidad.

Bueno, pues la buena noticia es que siempre vas a tener un momento para relajarte; no digo que un momento muy largo, pero te voy a enseñar a aprovechar esos ratitos libres.

Como dije en esta publicación, para restaurarte como se debe primero tienes que distraerte y luego hacer algo que te haga feliz. Vamos a hablar un poco de neurología marca #Goditeismo para que aprendas cómo hacerlo mejor.

Lo primero que debes saber es que existen diferentes tipos de ondas en tu cerebro. Unas son más rápidas: te sirven para trabajar estar alerta y emocionarte, mientras que otras son más lentas y te sirven básicamente para todo lo demás. Esto nos interesa porque, a menos que lleves tu equipo de escaneo cerebral a la oficina junto con un diplomado en neurofeedback, en realidad no importa que te diga el nombre y frecuencia de cada onda. Solo recuerda: entre más rápidas tus ondas, menos te puedes relajar; entre más lentas sean, tus reacciones no serán tan inmediatas.

Mira, yo no tengo ni doctorado ni diplomado ni nada de eso; pero si quieres saber qué tan rápido está funcionando tu cerebro en un momento determinado, pon música lenta y piensa por un momento si te mata de aburrimiento o te agrada. Luego pon música rápida y date cuenta si acaso te estresa o te parece el ritmo ideal. No necesitas poner Death Metal y cantos tibetanos; puedes utilizar la música que te agrada, pero todos los géneros tienen piezas más movidas y más calmadas.




Así que lo primero tienes que hacer, después de diagnosticar qué tan rápido está funcionando tu cerebro, es bajarle las revoluciones. No intentes calmarte de golpe: ponte a caminar un rato, juega #CandyCrush o lo que sea. En pocas palabras, tómate uno o dos minutos para seguir activo pero rompiendo tu rutina, y enfocándote en llevar un ritmo menor.

Una vez que dejes de sentirte como si el mundo entero estuviera corriendo, es hora de pone la música de meditación. Haz tus ejercicios de yoga, visualiza lo que sea que visualices o, si no crees en esas patrañas, observa tu respiración. Hazlo hasta que la música de meditación te deje de parecer aburrida, y disfrútala por un par de minutos.

Una vez que logras este estado las ondas de tu cerebro permitirán una recuperación más rápida. Haz algo que disfrutes: ver videos o platicar por WhatsApp. Cualquier pequeño placer te va a ayudar mucho en este estado. Incluso puedes comerte un chocolate y preocuparte luego por la dieta. Lo único que importa es que te sientas bien: no te imaginas la cantidad de beneficios, neurológicos y físicos, que tiene el bienestar emocional.

Cuando te sientas mejor cierra la aplicación, video, o tira la envoltura del chocolate y vuelve a agarrar impulso. Pon música rápida, respira más rápidamente por unos 20 segundos, o tal vez estírate como gato y prepárate para volver a trabajar. Recuerda que tienes que volver a subir el ritmo de tus ondas cerebrales, pero hazlo poco a poco. Si esas cosas te funcionan, pon música más activa hasta que te parezca un ritmo normal. Ayuda si te pones a mover la cabeza y cantar a la par, pero recuerda que te vas a ver un poco ridículo.




Sin importar qué cosas específicas decidas hacer, recuerda que lo primero que tienes que hacer es bajar el ritmo. Disfruta un momento de ese estado de paz, y haz algo que te haga sentir mejor, cosas que te causen alegría. Luego, recupera tu estado de alerta poco a poco.

Es tu cerebro, tu ritmo, tu realidad. Tu tienes el control, siempre y cuando decidas tomarlo.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Cómo aceptarte

En la primera entrada del blog dije algo que te puede ahorrar unos cuantos miles de pesos en terapias o cursos de superación personal: no estás roto, ni hay nada mal contigo. Sé que a veces es difícil aceptarlo porque, en primera, la sociedad te pide a gritos que cambies porque quiere venderte una u otra cura para tu personalidad y, en segunda, porque la gente alrededor siempre parece tener ideas diferentes: si te dejas convencer, acabarás pensando que tu forma de ver el mundo está equivocada.

Pero a menos que vayas por ahí golpeando gente o gritando solo porque puedes, tu visión no está equivocada; solo es diferente.

Quiero decir, hay algunos verdaderos hijos de vecina que solo abusan del cuidadoso espacio que la sociedad les da cuando van gruñendo por la vida. Saben que, si le gritan a la gente, les van a dar algo parecido al respeto mientras encuentran la oportunidad para dejarlos gritando solos. Por eso son irrespetuosos y encima se ofenden cuando no les haces caso.




Y tiene que ver con mi primer consejo: aprende a reconocer cuándo tienes una mala actitud. La técnica es fácil: si ves que llega un tipo sonriendo, hablas con él y de repente están discutiendo, probablemente el gruñón eres tu. Hay dos cosas que puedes hacer en esta situación: tómate un momento para relajarte, digamos una media hora cuando salgas a comer, pero dedícale tiempo a bajar el estrés, porque nadie puede ser amable cuando se siente tiene que entregar diez mil reportes para ayer.

Si no tienes que entregar nada y de todas formas te sientes presionado por la gente alrededor, bueno, es tiempo de cambiar de ambiente. Sé que a veces es difícil, en especial cuando se trata de un grupo que has frecuentado por muchos años, pero si ahora solo te hacen enojar o sentir mal contigo, o siempre ha sido así pero ya te salió el amor propio, pues no hay de otra: tienes que cambiar de rumbos.

En cambio, puede pasar que discutas con gente alegre, habladora, callada, sociable y tímida. Entonces te recomiendo mirar tu propia actitud, porque si todo mundo te causa conflicto, puede ser que tú seas una persona conflictiva. Y no digo que esté mal, pero la gente podría empezar a evitarte. Por eso de que a nadie le gusta convivir con un gruñón; ¡somos #Godínez! Recuerda que cada quien tiene sus propios problemas, como para esperar que te den un trato especial por los tuyos.





Sé muy bien que eso no es una actitud tan #AmorYPaz como sugería el principio de la publicación; pero precisamente por eso es difícil aceptarse. Si eres gruñón, tienes que decidir si prefieres dejar de enojarte por todo o dejar de estar solo: decídelo honestamente. No tienes que cambiar, pero por lo menos puedes aprender a ser un hijo de &€%# sarcástico: la gente ama a los sarcásticos, siempre y cuando le avienten veneno a alguien más.

Quiero decir, todos estamos luchando por ser felices. Mi recomendación es luchar al lado de la gente que te hace sonreír naturalmente, porque eso de tener que pelear por ser aceptado está del carajo.



Si recuerdas, en la primera publicación prometía hacer un viaje por las corrientes históricas de la meditación, psicología, religión, etc para aprender a enfrentar el reto más grande de todos: aceptarnos como somos, sin juicios, sin pensar que estamos rotos, porque la,sociedad parece empeñada en hacernos sentir así. Bueno, no se si te has dado cuenta, pero todas mis publicaciones tienen que ver con el budismo, el hinduísmo, las corrientes humanista y conductual de la psicología, etc. A lo mejor no es tan obvio porque solo esta publicación tiene un nombre que hace referencia al budismo, pero no te vas a llevar tu estatua de Sri Ganesh a la oficina, así que me parece mejor enfocar este blog a resolver problemas de la vida cotidiana.

Si de todas formas te sientes un poco robado y te gustaría aprender de estos temas en un lenguaje que, de hecho, tiene que ver con ellos, por favor revisa mi nuevo blog: Alquimia Cognitiva, en donde trataré de explicarte trucos para utilizar tu sistema nervioso o, como decían los antiguos, conectar con el espíritu.