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domingo, 22 de noviembre de 2015

Cómo empezar con el pie derecho.

Bueno mis Godínez, es #Lunes otra vez. Si ya superaste la fase de odiar a todo el universo por tener que despertarte, la fase de luchar contra la gravedad de las sábanas y lograste saludar a toda la oficina sin asesinar a nadie, a eso se le puede llamar un buen inicio de semana.

Y es que un buen inicio es importante para todas las cosas, porque los #Godínez somos supersticiosos: si se descompone la cafetera, pensamos que vamos a tener un mal día. Pero, por otro lado eso no es superstición...

El caso es que a todos nos gusta iniciar las cosas sintiéndonos bien, en especial cuando se trata de una semana de trabajo. Te voy a dar algunos consejos para empezar con optimismo, porque si quisieras hacer todo gruñendo y peleándote con la idea de hacer algo nuevo, no empezarías nada.

En +esta publicación+ hablé de como entrarle al lunes sin miedo: el consejo principal es que, si tienes tiempo para quejarte porque vas a tener que entrar a trabajar, mejor usa ese mismo tiempo para hacer algo divertido. O dormir. Si no tienes nada que hacer en domingo, no te preocupes: siempre puedes dormir.

Pues el mismo principio aplica para todas las cosas. Mira, desde el momento en el que sabes que tienes hacer algo, sea un proyecto o lo que sea, tienes una ventana de tiempo en la que no odias al universo y le reclamas a la vida por ponerte en esa situación. Te recomiendo que aproveches ese instante en el que tu cerebro no se ha dado cuenta de que le encargaron hacer otro reporte, para ponerte a hacerlo sin dramas. Una vez que ya estés trabajando, o en la regadera si lo que necesitas es levantarte a trabajar, tu mente va a estar muy ocupada para quejarse; se dará cuenta unas dos horas después cuando tengas un descanso y a lo mejor se siente estafada, pero puede reclamar todo lo que quiera cuando ya no tengas algo que hacer.




Pero hay veces que no tenemos el lujo de empezar cuando queramos y acabar con las cosas pesadas de una vez; en los proyectos en equipo, o cuando tu "persona favorita" en la oficina te invita a salir y, estando demasiado dormido para pensarlo, le dijiste que sí querías ir con su grupo al antro, vas a tener mucho tiempo para torturarte pensando en lo que vas a tener que hacer por tener una boca más rápida que tu cerebro.

Esta terrible situación es más común de lo que podrías pensar.

Siempre que tengas una de estas fechas programadas, llámese "auditoría el próximo viernes" o "salida de fin de semana planeada por recursos humanos", piensa en la suerte que tienes por no tener que hacerlo el día de hoy. Quiero decir, ni siquiera los fantasmas te pueden asustar si no les haces caso. Solo se quedan volando por ahí, estando deprimidos y esas cosas.

Lo mismo pasa con la terrible sombra de la fiesta de tu oficina: a lo mejor te corren del trabajo si no vas, pero mientras llega la fecha puedes disfrutar la vida. Cuando ya no puedas posponer ese momento y tengas que enfrentarlo, utiliza el primer consejo de hoy: haz las cosas sin dejar tiempo para quejarte.

En resumen, hay dos formas de empezar algo desagradable #ConElPieDerecho: hacerlo tan rápido como puedas, porque entre más pospongas las cosas más te vas a poder torturar y, cuando el inicio no depende de ti, poner tu atención en otra cosa y solo hacerlo cuando llegue la hora.




Porque la verdad es que todas las cosas que nos dan gusto, las empezamos con el pie derecho. Solo nos cuesta trabajo hacer lo que no queremos y, aunque los consejos de hoy funcionan a corto plazo, te recomiendo leer +esta entrada+ para empezar a buscar una solución más permanente.

Recuerda que no existe el destino y, si acaso existiera, dependería de tu actitud y el esfuerzo que pongas en hacer las cosas.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Cómo limpiarse la mala suerte.

El psicólogo americano Carl Rogers un día despertó en su casa, como suelen hacer las personas, y decidió hacer una revolución en el mundo de la psicología. Esta es una actitud un poco más rara, pero la verdad es que el siglo pasado hubo tantas revoluciones que ya no sé si debería admirarlo, o pensar que los psicólogos deberían dejar de revolucionar tanto y ponerse a ayudar a la gente.

Por supuesto, su enfoque fue tan radical como necesario: el pensaba que los psicólogos deberían escuchar al paciente. Y es radical porque, de verdad, ¿en qué cabeza cabe que un profesional entrenado debería dejarse guiar por una persona que ni siquiera puede ordenar su propia realidad?

El psicoanálisis le pide al terapeuta interpretar a través de sus teorías y experiencia las elaboraciones del paciente; si no saben qué decir, siempre pueden hablar de su mamá. En el análisis de la conducta, si te portas bien tu terapeuta te dará una galletita con la esperanza de que olvides que puedes comprar una caja de galletas en cualquier momento; así te volverás a portar bien para que el terapeuta te siga recompensando.

La corriente humanista de Rogers, en cambio, le pide al terapeuta callarse de una buena vez y escuchar lo que tienes que decir. Porque a veces la gente solo necesita poder hablar. Cuando el paciente se da cuenta de las locuras que está diciendo, le da tanta pena que decide cambiar inmediatamente y se resuelve su problema. Eso pasaría en un mundo feliz, pero la verdad es que ni a los ingenieros que utilizan matemáticas les funciona la teoría el 100% de las veces.




Por eso desarrolló una serie de teorías que explican por qué, cuando no funciona una terapia humanista, es culpa del terapeuta, de la brisa matutina o de #EPN, pero nunca tienen la culpa ni el paciente ni el terapeuta.

Una de las mejores teorías es la de la esfera perceptual. Para no hacerte el cuento largo, dice que si te va mal es porque tienes una piedrita afilada en algún lugar de tu zapato mental; no podemos dividir la consciencia, así que si tu realidad necesita un ajuste en una de las partes obviamente va a afectar al resto.

Si no me crees, pégate en el dedo chiquito del pie e intenta jugar #AngryBirds. Tu pie no tiene nada que ver con la mente, los dedos o el celular, pero si me permites hacer una predicción lo vas a mandar al diablo a los 4 segundos y el que va a acabar enojado eres tu.

Por favor no te pegues en el dedo chiquito del pie. Como el resto de la mente, solo es una metáfora.

El caso es que lo que te pase en tu día, en tu pasado o las tormentas que existen solamente en tu cabeza van a afectar el resto de tu vida porque no somos un rompecabezas: somos humanos. No estamos hechos del cuerpo y la mente: somos cuerpo y mente.

Así podemos explicar de la forma más humanista y menos supersticiosa posible el fenómeno de la mala suerte: no es que el universo conspire en tu contra. Pasa algo mucho más sencillo y es que, más bien, eres un idiota.




Hasta aquí me duró el humanismo, porque es mejor ser más realistas: tómate un segundo para pensar qué te molesta, y un poquito más de tiempo para resolverlo. La mayoría de tus problemas van a soltar soluciones en el momento en que decidas enfrentarlos y, si no es así, siempre puedes pedir ayuda o ponerte borracho.

Porque somos humanos, y el humanismo de Rogers dice que eso está bien. Pero, si te va mal, no le eches la culpa al #Viernes13, porque entonces no puedes hacer nada al respecto.