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miércoles, 9 de marzo de 2016

La necesidad es un pésimo cupido.

Mira, lo entiendo: quieres enamorarte y todo eso. Pero, ¿no será que estas intentando tapar algo que te falta adentro? Intentar enamorarte para arreglar un problema tuyo es como querer tapar el pozo donde se cayó el chamaco, poniéndole zapatos de concreto.

Lo malo del amor es que no se trata de una cosa que podemos simplemente experimentar, publicarlo en el Face, y €&@€gue su mami: pretender que se vaya solo como coche sin frenos en bajada.

No podemos hacer eso, porque el amor tiene frenos bien efectivos.

En primer lugar, es cosa de dos. Si tienes un crush que adoras y no te hace caso, eso no es amor: se llama ser un stalker y alguien debería enseñarnos de una vez por todas que no es romántico. En especial si luego te vas a quejar por estar en la #Friendzone.

Pero también aplica cuando ya estás en una relación; no puedes quejarte si eres tú quien pone todo el esfuerzo. Quiero decir, sí puedes, pero es tonto. Cuando la gente demuestra que no está dispuesta a dar más, entonces tú siempre tienes la oportunidad de terminar las cosas.

El amor es honesto: si la gente no da más, es porque no quiere.

Y también se dan problemas del otro lado de la moneda. Muchas veces la gente solo quiere estar con alguien porque no soporta estar solo; la parte mala es que le piden a otras personas que los aguanten.

Esas relaciones suelen acabar con una de las partes muy lastimadas.


Porque amar a una persona significa hacerte vulnerable. La gente rota muchas veces no quiere sanar, sino que se conforma con saber que otros comparten su dolor, y está bien si ese es el contrato desde el principio. Pero la mayoría de las veces solo bajamos las defensas para ver lo que se siente dejar entrar a otro ser humano una vez más, como si quisiéramos probar que todavía podemos.

Así nos rompen. Así no podemos ayudar a nadie más, porque no se puede sanar a una persona si nosotros mismos estamos rotos.

Ojalá que la vida fuera diferente, y pudiéramos estar seguros de que, cuando decidimos darle una oportunidad a la gente, nos van a corresponder. Pero no es así; por eso tenemos que estar seguros de que nosotros mismos estamos bien antes de empezar una relación. Nadie sabe lo que va a pasar, ni conocemos realmente a las personas antes de abrirles las puertas. No sabemos quién nos puede lastimar, o quién va a dar todo por sanarnos y va a salir lastimado.

Si aceptas entrar en una relación, será mejor que estés listo para darlo todo, y recibirlo todo, porque nunca sabes cuándo te va a tocar alguien que sí vale la pena, o cuando algo casual puede salirse de control y volverse real. Demasiado real.

Como regla general, lo mejor es estar listo para todo. El amor es como la guerra, con la única diferencia de que no hay posibilidad de salir vivo si el amor se acaba.


En fin, no empieces algo que estés dispuesto a terminar; sí, me leíste bien. Si te da igual que siga o termine, lo mejor es dejarlo como algo casual. 

Porque la única forma de lograr el #Amor verdadero es luchando hasta la tumba. Nadie te lo va a regalar. Tienes que ganártelo, solucionando un problema a la vez.

viernes, 15 de enero de 2016

Cómo cumplir tus propósitos.

En la publicación anterior hablamos de que, para lograr cumplir tus #Propositos, lo mejor es no comprometerte con algo que no quieres hacer. Pero a veces sucede que nuestras resoluciones son importantes para nosotros, y de verdad no tenemos idea de cómo lograrlas: por eso esperamos hasta el año nuevo antes de decidirnos, como esperando un pretexto para hacer las cosas de una vez por todas.

Pero no necesitamos pretextos. Necesitamos dejar de hacernos pen... Dejar de poner pretextos.

Porque existen dos tipos de propósitos que sí queremos cumplir: en primer lugar, está bajar los 20 kilos que tienes de sobrepeso porque lo necesitas para no morir de diabetes o un infarto. Uy, qué dramático. Pero eso tiene que ver con mi primer consejo: dramatiza.

Uno de los errores más comunes que cometemos cuando nos ponemos propósitos de año nuevo es pensar que no son tan importantes. Como todo mundo los hace, y todo mundo los rompe, nos los tomamos a la ligera. Por eso, cuando se trata de algo importante, trátalo como si fuera importante. Eso lo logras a través del lenguaje y un poco de drama.

Otras veces solo tienen que ver con una meta que de verdad deseamos, pero en la escuela nunca nos enseñaron a cumplir metas. Solo se la pasaban fregando con que las matemáticas y los libros de García Marquez (porque, si no te importan las matemáticas, no tienes derecho a criticar a la gente que no lee); sin embargo, nunca nos felicitaron por acabar ese nivel de Mario Bros. que era imposible para tu edad, o aprenderte la letra completa de tu canción favorita. Eso se llama cumplir objetivos, y es un entrenamiento para la determinación.


A mi me hubiera gustado que me lo enseñaran en vez de geografía, que de todas maneras (y lo digo con más pena que orgullo) ya se me olvidó.

Pero los logros más difíciles nunca se olvidan. Y el error más grande que puedes cometer cuando haces algo por gusto, es tomártelo en serio. 

El cerebro aprende a codificar las cosas en una misma categoría cuando estas suceden juntas. Por eso cuando pensamos en tomarnos las cosas en serio recordamos: levantarnos los lunes, tomar dictados aburridos, hacer planas de las tablas de multiplicar, y todos los intentos de suicido con galletas de animalitos.

Si quieres lograr algo porque quieres, carajo, ¡recuerda que es algo que quieres! Nadie necesita forzarte y no tienes por qué sufrir. Si te cuesta trabajo, tal vez no es lo que deseas en realidad. La vida es simple: nos da gusto hacer las cosas que nos gustan.

Déjame aclarar que ninguna meta se cumple sin esfuerzo: pensar que sí, es la verdadera razón para estar como estamos: con el #Dolar a 18 y #ElChapo en la friendzone.


Digo, en prisión. Oye, al menos eso es un avance. Quiero decir, si nuestro presi, siendo la luminaria que es, pudo atrapar al Chapo, tu puedes ir al gimnasio y bajar de peso.

Ahora no me salgas con que es una cortina de humo, porque si de cortinas hablamos, están todos los pretextos que te pones para romper la dieta. Pero tus pretextos no son tan buenos.