viernes, 27 de noviembre de 2015

Cómo ayudar a los demás.

Empecé a escribir este blog porque detesto a la gente que piensa que, para decir algo importante, necesitan matar al público de aburrimiento antes de entregar su mensaje. Yo solo quiero hacerlos reír, y tal vez dar un par de consejos que nadie recuerda a menos que esté pasando por una situación como la que describo.

Entonces mis payasadas cobran sentido. Pero, ¿sabes? Para mantener el espíritu de la honestidad, nunca quise hacer este un blog informativo. Es por esto que a partir del lunes dejaré de escribir publicaciones que empiezan con la palabra "cómo". Puedes encontrar ese tipo de #Consejos; para empezar bien la tradición, permíteme compartir contigo dos lecciones que he aprendido en una vida de ser un chico bueno: de esos que quieren "nada más como amigo".

Es importante conocer #Trucos para todo: en especial para ser una buena persona. Porque, no es que sea uno desconfiado, pero la gente lo hace necesario: les das la mano y te agarran las nalgas. O el pie, depende de qué tanta confianza te tengan, pero de cualquier forma no es raro que intenten abusar. 

Pero antes voy a hablar del otro lado de ayudar a la gente: tenemos que preguntarnos si de verdad estemos haciendo algo por los demás, y no se trata de ayudarnos a nosotros mismos bajo el pretexto de hacerlo por alguien más. 

Esta es otra forma de decir que no intentes pagarle una lección de piano a alguien que quiere jugar fútbol, solo porque tus padres nunca te dejaron aprender ese noble instrumento. Quiero decir, el sentimiento de querer ayudar es noble, pero asegúrate de que lo hagas con algo que la otra persona quiere en realidad. 


Y ahí está mi primer consejo: explicarlo fue más fácil de lo que pensaba. No es una gran ciencia, pero tenemos que entender que muchas veces le pedimos a la gente que haga cosas que no quieren hacer, solo porque nosotros nunca pudimos. O porque nos funcionaron, en especial cuando se trata de religión, política o fútbol; por favor no te metas con eso. 

La segunda parte del consejo, como decía en la introducción, es que tengas cuidado al elegir a la gente que ayudas. Si no estás cómodo con alguna situación, por favor no te comprometas a hacer algo al respecto porque, cuando te cuesta trabajo ayudar a los demás, se vuelve una imposición para ti mismo y para la otra persona.

Además, lo más común del universo es que la gente se acostumbre a que los ayudes. Esto es muy común entre las personas que no quieren hacer nada por sí mismas y se vuelven expertas en mendigar lástima. Cuando dejas de ayudarlas, hasta te hacen sentir culpable. Pero, como dije en los primeros párrafos y en esta publicación, si lo permites la gente va a tomar todo lo que pueda de ti.

Es especialmente duro cuando ya lo han hecho. Ni siquiera te quedan ganas de seguir ofreciendo tu ayuda. Pero desde mi experiencia, como una persona que más de una vez ha dado todo y recibido a cambio reclamos cuando ya no queda nada más, vale la pena volverlo a intentar.


No con la misma gente, porque las personas abusivas apestan. Pero siempre hay alguien que vale la pena y, más aún, alguien que lo necesita.

La experiencia te va a enseñar hasta donde puedes ofrecer tu ayuda. A parte de eso, solo necesitas recordar que un corazón fuerte es el que vuelve a confiar.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Como echarle ganas (cuando estás como zombie).

Ya sea en un lunes por la mañana, cunado estás entregando proyectos a mitad de semana por el gusto de ser #Godínez: todos hemos tenido que arrastrarnos de trabajo en tarea hasta que nos da la hora de salida y podemos pasar a otra cosa.

Porque es una condición común, un estado natural de la vida: no es que mueras en el trabajo, pero tampoco se puede decir que estás viviendo la vida al máximo, en especial cuando es martes o miércoles y te toca trabajar en sábado.

Ese no es el mejor sentimiento de todo el universo, pero es mejor que no cobrar esta quincena. Eso es una motivación poderosa para la mitad de los Godínez que conozco; a la otra mitad los motivan las botellas que se van a comprar el viernes, pero de todas maneras necesitan cobrar.

Pues te voy a dar unos consejos para aprovechar el #ModoZombie sin morir en el intento. A #Chabelo le funcionó.

Primero que nada, recuerda que si no necesitaras dinero para comprar comida y pagar el internet no estarías trabajando. Hay gente que va a la oficina porque le gusta su trabajo, pero ellos están echándole ganas con una sonrisa insoportable en vez de leer mi blog, así que puedo asegurar que tu eres de los que buscan el cheque. Ese es el truco: enfócate en lo que quieres conseguir, y deja que tu cerebro se vaya de vacaciones mientras que tu cuerpo sigue escribiendo el reporte.


La mayoría de los trabajos de oficina no requieren demasiada creatividad.

Pero hay momentos que sí te exigen tu atención. Yo pienso que es más fácil tratar con esas situaciones, porque al menos te diviertes resolviendo el problema. Si estás demasiado cansado, tómate un momento para descansar y utiliza los trucos para hacerlo bien; después solo recuerda que, entre más atención le pongas a tu trabajo, más rápido se va a pasar tu día. Por eso digo que es bueno tener algún reto que resolver: te permiten dejar de ver el reloj por un rato, y eso le ayuda a tu cerebro a enfocarse en otras cosas para que puedas regresar a ver Netflix a tu casa.

Oye, es mejor entrar en #ModoZombi en el hogar.

Para resumir, hay dos maneras de sobrevivir al trabajo cuando lo único que quieres es... Bueno, estar en cualquier otro lugar: puedes hacer las cosas en automático, y eso es genial porque te da tiempo para pensar en tus gatos o el último capítulo de la serie que viste antes de desmayarte. Cuando tu trabajo requiere de tu atención, solo enfócate en resolver las cosas. Si estás demasiado cansado, se vale distraerse e ir por una taza de café: ya sea que te la tomes o te la avientes encima, haz lo que funcione para volver a activarte.

No me canso de decir lo importante que es hacer las cosas que nos gustan, porque a fuerza ni las fiestas nos hacen sentir bien; pero muchas veces necesitamos estudiar más o emborrachar a nuestro jefe todos los días por año y medio para conseguir el ascenso o puesto que de verdad queremos. Por eso es importante saber cómo pasar el tiempo sin torturarte por tener que hacerlo.


Todo lo que tenemos es nuestra atención y nuestro esfuerzo; siempre que sepas enfocarlos para lograr lo que quieres, las cosas van a mejorar. Por lo mientras, recuerda que lo importante es cumplir. El entusiasmo regresará con el fin de semana.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Cómo empezar con el pie derecho.

Bueno mis Godínez, es #Lunes otra vez. Si ya superaste la fase de odiar a todo el universo por tener que despertarte, la fase de luchar contra la gravedad de las sábanas y lograste saludar a toda la oficina sin asesinar a nadie, a eso se le puede llamar un buen inicio de semana.

Y es que un buen inicio es importante para todas las cosas, porque los #Godínez somos supersticiosos: si se descompone la cafetera, pensamos que vamos a tener un mal día. Pero, por otro lado eso no es superstición...

El caso es que a todos nos gusta iniciar las cosas sintiéndonos bien, en especial cuando se trata de una semana de trabajo. Te voy a dar algunos consejos para empezar con optimismo, porque si quisieras hacer todo gruñendo y peleándote con la idea de hacer algo nuevo, no empezarías nada.

En +esta publicación+ hablé de como entrarle al lunes sin miedo: el consejo principal es que, si tienes tiempo para quejarte porque vas a tener que entrar a trabajar, mejor usa ese mismo tiempo para hacer algo divertido. O dormir. Si no tienes nada que hacer en domingo, no te preocupes: siempre puedes dormir.

Pues el mismo principio aplica para todas las cosas. Mira, desde el momento en el que sabes que tienes hacer algo, sea un proyecto o lo que sea, tienes una ventana de tiempo en la que no odias al universo y le reclamas a la vida por ponerte en esa situación. Te recomiendo que aproveches ese instante en el que tu cerebro no se ha dado cuenta de que le encargaron hacer otro reporte, para ponerte a hacerlo sin dramas. Una vez que ya estés trabajando, o en la regadera si lo que necesitas es levantarte a trabajar, tu mente va a estar muy ocupada para quejarse; se dará cuenta unas dos horas después cuando tengas un descanso y a lo mejor se siente estafada, pero puede reclamar todo lo que quiera cuando ya no tengas algo que hacer.




Pero hay veces que no tenemos el lujo de empezar cuando queramos y acabar con las cosas pesadas de una vez; en los proyectos en equipo, o cuando tu "persona favorita" en la oficina te invita a salir y, estando demasiado dormido para pensarlo, le dijiste que sí querías ir con su grupo al antro, vas a tener mucho tiempo para torturarte pensando en lo que vas a tener que hacer por tener una boca más rápida que tu cerebro.

Esta terrible situación es más común de lo que podrías pensar.

Siempre que tengas una de estas fechas programadas, llámese "auditoría el próximo viernes" o "salida de fin de semana planeada por recursos humanos", piensa en la suerte que tienes por no tener que hacerlo el día de hoy. Quiero decir, ni siquiera los fantasmas te pueden asustar si no les haces caso. Solo se quedan volando por ahí, estando deprimidos y esas cosas.

Lo mismo pasa con la terrible sombra de la fiesta de tu oficina: a lo mejor te corren del trabajo si no vas, pero mientras llega la fecha puedes disfrutar la vida. Cuando ya no puedas posponer ese momento y tengas que enfrentarlo, utiliza el primer consejo de hoy: haz las cosas sin dejar tiempo para quejarte.

En resumen, hay dos formas de empezar algo desagradable #ConElPieDerecho: hacerlo tan rápido como puedas, porque entre más pospongas las cosas más te vas a poder torturar y, cuando el inicio no depende de ti, poner tu atención en otra cosa y solo hacerlo cuando llegue la hora.




Porque la verdad es que todas las cosas que nos dan gusto, las empezamos con el pie derecho. Solo nos cuesta trabajo hacer lo que no queremos y, aunque los consejos de hoy funcionan a corto plazo, te recomiendo leer +esta entrada+ para empezar a buscar una solución más permanente.

Recuerda que no existe el destino y, si acaso existiera, dependería de tu actitud y el esfuerzo que pongas en hacer las cosas.