Entonces mis payasadas cobran sentido. Pero, ¿sabes? Para mantener el espíritu de la honestidad, nunca quise hacer este un blog informativo. Es por esto que a partir del lunes dejaré de escribir publicaciones que empiezan con la palabra "cómo". Puedes encontrar ese tipo de #Consejos; para empezar bien la tradición, permíteme compartir contigo dos lecciones que he aprendido en una vida de ser un chico bueno: de esos que quieren "nada más como amigo".
Es importante conocer #Trucos para todo: en especial para ser una buena persona. Porque, no es que sea uno desconfiado, pero la gente lo hace necesario: les das la mano y te agarran las nalgas. O el pie, depende de qué tanta confianza te tengan, pero de cualquier forma no es raro que intenten abusar.
Pero antes voy a hablar del otro lado de ayudar a la gente: tenemos que preguntarnos si de verdad estemos haciendo algo por los demás, y no se trata de ayudarnos a nosotros mismos bajo el pretexto de hacerlo por alguien más.
Esta es otra forma de decir que no intentes pagarle una lección de piano a alguien que quiere jugar fútbol, solo porque tus padres nunca te dejaron aprender ese noble instrumento. Quiero decir, el sentimiento de querer ayudar es noble, pero asegúrate de que lo hagas con algo que la otra persona quiere en realidad.
Y ahí está mi primer consejo: explicarlo fue más fácil de lo que pensaba. No es una gran ciencia, pero tenemos que entender que muchas veces le pedimos a la gente que haga cosas que no quieren hacer, solo porque nosotros nunca pudimos. O porque nos funcionaron, en especial cuando se trata de religión, política o fútbol; por favor no te metas con eso.
La segunda parte del consejo, como decía en la introducción, es que tengas cuidado al elegir a la gente que ayudas. Si no estás cómodo con alguna situación, por favor no te comprometas a hacer algo al respecto porque, cuando te cuesta trabajo ayudar a los demás, se vuelve una imposición para ti mismo y para la otra persona.
Además, lo más común del universo es que la gente se acostumbre a que los ayudes. Esto es muy común entre las personas que no quieren hacer nada por sí mismas y se vuelven expertas en mendigar lástima. Cuando dejas de ayudarlas, hasta te hacen sentir culpable. Pero, como dije en los primeros párrafos y en esta publicación, si lo permites la gente va a tomar todo lo que pueda de ti.
Es especialmente duro cuando ya lo han hecho. Ni siquiera te quedan ganas de seguir ofreciendo tu ayuda. Pero desde mi experiencia, como una persona que más de una vez ha dado todo y recibido a cambio reclamos cuando ya no queda nada más, vale la pena volverlo a intentar.
No con la misma gente, porque las personas abusivas apestan. Pero siempre hay alguien que vale la pena y, más aún, alguien que lo necesita.
La experiencia te va a enseñar hasta donde puedes ofrecer tu ayuda. A parte de eso, solo necesitas recordar que un corazón fuerte es el que vuelve a confiar.


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