Y es que hay dos o tres excepciones en este universo, pero esos son los jefes con los que te llevas bien y te dejan llegar sin firmar y generalmente son tus amigos. El resto son unos hijos de $%ta.
No es que esto esté mal. Conociendo a los #Godinez, si tu jefe fuera demasiado comprensivo, probablemente llegarías a trabajar tarde, digamos el martes o miércoles, y pedirías aumento de sueldo para no rebelarte contra del maldito sistema opresor.
El problema viene cuando esta actitud de nuestros supervisores se convierte en algo verdaderamente #tóxico. Cuando te exigen cosas sin sentido, te hablan sin respeto, o no valoran tu trabajo, estamos ante una situación laboral que no le conviene a nadie.
Me doy cuenta de que no siempre es tan fácil renunciar pero, si conoces mi blog, sabrás que no estoy hablando de una situación laboral.
Todo mundo tiene un supervisor adentro de su cabeza: nos observamos constantemente. Eso es lo que, dicen los que saben, nos hace diferentes del resto de los animales.
El ser humano es un ser pensante, menos tu jefe que a parte de gruñón es idiota, pero el resto de nosotros está pensando tonterías todo el tiempo.
Y no digo que esté mal, porque si no fuéramos un poquito estrictos con nosotros mismos pasaríamos la vida en piyama comiendo sopas #maruchan recalentadas.
La cosa es que en este universo necesitamos encontrar un #balance: todos tenemos que hacer cosas que no nos gustan, aguantar situaciones que quisiéramos poder evitar, o simplemente tener una rutina aburrida, pero no tenemos que hacer esto todo el tiempo.
Llega el momento en el que recuperas el control de tu vida.
No hablo de un momento de la rosa de Guadalupe en el que una luz baja del cielo para decirte que estás desperdiciando tu vida viendo memes mientras esperas la hora de salida; hablo del momento en el que sales de trabajar, o terminas con tus responsabilidades, cuando puedes recuperar ese pequeño centímetro cúbico de libertad, que seguramente vas a utilizar echado en tu cama viendo Netflix.
Tú eres la única persona que puede decidir en qué gasta su tiempo, libre o en horas de trabajo. Nadie puede juzgarte por tus decisiones, así que tampoco te juzgues tú. Eres una persona maravillosa.





