viernes, 5 de febrero de 2016

Cómo revivir al niño interno.

Cuando salió la película #ElPrincipito, los de la generación que hoy se está acostumbrando a eso de ser Godínez tuvimos la oportunidad de recordar nuestra infancia, porque todo mundo leyó al Principito, creció con Chabelo y admira a Gokú.

Ese tipo de películas son importantes porque nos recuerdan ese lado de nosotros que existió antes de que la vida nos convirtiera en cínicos hijos de fruta, más preocupados por llegar vivos hasta la quincena que por llenar cada día de magia y de color.

Porque, tenemos que aceptarlo, somos uno cínicos hijos de $#+@. Quiero decir, ¿cuánto tiempo te duró el sentimiento de libertad e imaginación, después de que saliste de la película? Seguro lo mandaste por un tubo cuando la primera responsabilidad adulta se asomó. Eso no está bien; sé que a veces pareciera necesario, pero no lo es.

Lo entiendo muy bien; parece que necesitamos enterrar bajo una pila de cuentas y papeleo al niño que llevamos dentro, porque la señora de la recaudaría ya no acepta sonrisas para pagarle la despensa. Si acaso se nos ocurre tener algo en la mesa esta quincena, debemos trabajar para ganárnoslo.

Pero ¿quién dijo que tenías que ser un amargado para poder trabajar? Mira, si es cierto que hay quienes te joden solo por verte sonreír, pero lo mejor acerca de ese tipo de gente es que son tan fáciles de molestar. No te recomiendo que lo hagas muy seguido, porque también suelen ser vengativos, pero verlos hacer bilis cuando te cansan puede ser lo que necesitas para recuperar la alegría este mes.

También hay trabajos tan cansados que a penas te dejan tiempo para sonreír, ya no pensemos en algo como perseguir tus sueños; pero si tienes tiempo para leer mi blog, tienes tiempo para leer una lección en línea que, después de un par de años, te va a dar el título necesario para conseguir un trabajo mejor.

Y todo eso suena tan adulto, ¿cierto?

Lo malo de ser niños es que no podíamos decidir cómo divertirnos; al menos no la mayor parte del tiempo. No me refiero a que tus padres te hayan prohibido hacer un montón de cosas, aunque también existen casos, pero como niños a penas tenemos oportunidad de conocer las posibilidades que el mundo nos ofrece. Solo podemos tomar una o dos cosas que están en nuestro ambiente cercano. Tenemos mucha suerte si logramos encontrar nuestra pasión.


Por eso la vida de adultos es tan difícil. Nos piden que escojamos lo que queremos hacer, ¡pero no nos dejan probar nada! Y lo malo no es eso. La parte triste es que, en vez de remediarlo como adultos, nos quejamos porque nos hubiera gustado ser más libres.

Pero no tenemos idea de qué hacer con esa libertad.

Quiero decir, como adultos la tenemos, solo para desperdiciarla repitiendo las mismas cosas una y otra vez. Y encima son cosas aburridas, de las que luego nos quejaremos con nuestros amigos porque nunca hacemos algo diferente.

Pues cambiar la rutina depende de nosotros. Te voy a dar un par de consejos para recuperar esa capacidad de asombro infantil.

Primero que nada, deja de idealizar un pasado que de seguro ni siquiera fue tan bueno. Seguro que recuerdas las partes bonitas, pero la mayor parte de ser niño es que le digan a uno: "párate, duérmete, cámbiate, péinate y apúrale que vas a llegar tarde a la escuela". Se llama "memoria selectiva"; si puedes aplicarla con tu infancia, te recomiendo que hagas lo mismo cada semana, porque así vas a dejar de extrañar "tiempos mejores", para empezar a pensar en tu salida del próximo viernes.

Por supuesto que a veces extrañamos la libertad e inocencia de cuando éramos niños. Podíamos bailar en la lluvia e imaginar un mundo en una hoja blanca de papel.

Pues te tengo noticias: ¡eres un €¥@& adulto! Puedes hacer todo eso; la diferencia es que nadie te va a dar un golpe en la nuca para que te comportes, ni te van a decir que "te debes de portar bien". Además, seguro que puedes imaginar cosas mejores que cuando eras pequeño. Algunos hasta escriben libros al respecto. O hacen universos con todo y personajes, como el comercial de #Deadpool de las galletas, que nos recuerda a los adultos cómo ser irreverentes.


El punto es que, si sientes nostalgia por la niñez, es porque te vendieron una versión de $£#^$# de ser adulto. No sé por qué la compraste, pero la puedes devolver.

Si vas a pensar en el pasado, por lo menos úsalo de inspiración para el presente. Porque la única forma de recuperar el asombro y la inocencia, es dejar de actuar como si fueras un producto terminado.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El tupper es la democracia Godínez

Mira, todos queremos algo en la vida, pero no importa cuál sea tu sueño, es mejor cumplirlo si puedes comer. Para eso trabajamos. Lo único que te voy a recomendar es que no trabajes nada más para eso, porque es la diferencia entre un Godínez y un Godizombie, de esos que todavía se creen las mentiras del gobierno.

Porque la atención se nota en todas las cosas: si tienes algo por qué vivir más allá del cheque de la quincena, eso lo muestras en la forma en que te comportas, en tu mirada, hasta los videos de Youtube.

No es lo mismo buscar cosas para escapar, y decidir con toda la consciencia del mundo que vas a huevonesr porque quieres. Es decir, cuando sabemos a dónde vamos, el ocio deja de ser una pérdida de tiempo y se vuelven descansos bien merecidos.

En esta #SemanaSanta, no pienso despertarme antes de las 3 de la tarde; pero eso no quiere decir que sea yo un vago. Lo hago para recuperar energías. Oye, es un buen pretexto. Los #Godínez nos tenemos que despertar como a las 6, 7 de la mañana todos los días para llegar a un trabajo que nos permite pagar el internet; al menos unas 2 semanas nos toca disfrutar la conexión en casa, y dejar en paz el ancho de banda de la oficina que de todas maneras nadie ocupa para trabajar.

Porque tenemos que cuidar nuestra salud mental. Es demasiado fácil perderla cuando tienes que hacer la misma &%ta cosa todos los días, responderle a un torpe que no tiene educación (y, en el peor de los casos, ni siquiera tiene estudios), y tener que enterrar la memoria de esos tiempos felices cuando pensabas que tu título  de universidad, o lo que sea, te iba a servir para trabajar en algo parecido a lo que estudiaste.


En realidad todos llegamos a aprender cómo se hace un trabajo cuando empezamos a trabajar; el que te diga que no es cierto, es porque empezó a trabajar como jefe gracias a sus contactos y no tiene que saber nada porque eso es lo que hace.

Digo, no pasa siempre, pero México sería otra cosa si no pudiera decir que pasa.

Cuando digo "salud mental" no me refiero a ese espíritu protector que aleja a los psicólogos y nos mantiene fuera de un asilo mental. También hablo de una cualidad en los ojos de la gente que te permite saber que siguen vivos sin tener que revisarles el pulso.

Como seres humanos debemos recordar que no solo somos Godínez. Más bien, "Godineamos". Nos ponemos el traje, la camiseta o lo que sea que uses para trabajar entre semana, pero lo que somos es eso que queda cuando ya no hacemos las cosas por cumplir.


Una vez que recuerdes esa parte de ti mismo, la que hace cosas por gusto y no por necesidad, el mundo se vuelve más fácil.

Porque nadie puede vivir sin comida; por eso trabajamos, para mantener gordito al #Tupper. Pero lo que hacemos para que valga la pena es lo que cuenta.

lunes, 1 de febrero de 2016

La felicidad se busca, no se "encuentra".

Mira, puedes hacer dos cosas: esperar a que la vida te de la oportunidad de ser quien tú decidas, oc rear las oportunidades. No digo que contrates un asesino a sueldo para hacer una vacante en el trabajo que quieres, y si fuera lo que digo nunca lo voy a admitir. Pero si quieres ese puesto, por lo menos puedes estudiar para lograrlo.

Quiero decir, siempre hay algo que puedes hacer para conseguir lo que quieres, aunque sea esperar por la oportunidad. Pero incluso esperar tiene su ciencia, porque puedes seguir preparándote o estar al pendiente.

Y ese es el punto de la publicación de hoy: recordarte que conseguir tus metas no es cuestión de suerte, sino de trabajar por ello. Por supuesto, nunca me canso de decir que lo primero que necesitas es tener bien claro qué quieres. Aquí podrás encontrar algunos consejos para definirlo.

Siempre que sepas a dónde vas el camino se vuelve más claro. Quiero decir, si quieres ser un astronauta y no has empezado tu carrera en ingeniería, tal vez si tengas que contratar al asesino a sueldo. Pero hablando de metas realistas, el esfuerzo lo puede todo.

Para esto te voy a compartir un par de conceptos de psicoanálisis: el principio de realidad, y el principio de placer.

El principio de realidad se trata de darte cuenta de que, aunque hoy es #Lunes feriado, de todos modos mañana tienes que regresar trabajar y odiar la vida, pero de todos modos tienes que levantarte o te van a correr y morirás en la pobreza. Ok, eso es un poco exagerado, pero de todas maneras tienes que darte cuenta de que el esfuerzo se da por pasos; el primer paso es aprender a levantarte. 

El principio de placer se refiere a estar consciente de que todos los viernes tienes dos días para olvidar las buenas costumbres que (con algo de suerte) practicaste durante la semana; es decir, darle gusto al cuerpo porque lo mereces. 

No necesitas otra razón.

Por supuesto, para poder aplicar el principio de placer necesitas saber qué te hace feliz; la única forma de averiguarlo es agarrando el libro de #50SombrasDeGrey como inventario para probar lo que te gusta y lo que no. Bueno, puedes ir a comer helado. Hay algo para todos los gustos.


Pero es un prerrequisito para poder aplicar el principio de realidad. Al menos debería de serlo, porque si quieres ser un tipo realista que encaja en la sociedad, y no sabes qué te mueve vas a aburrirte mucho. Entonces el placer se convierte en un escape; antes de darte cuenta vas a estar leyendo novelas malísimas en vez de vivir un poco.

Una vez que sepas lo que quieres, trabaja poco a poco para lograrlo. No tienes que esforzarte mucho, mientras te esfuerces todos los días.

Porque una de las fantasías más bonitas que nos vende la sociedad es que, si te esfuerzas mucho por poco tiempo vas a ser como el protagonista de las películas de los noventas: te va mal por un rato, alguien habla contigo, decides cambiar tu vida, y con una secuencia de entrenamiento que dura precisamente media canción ya eres el más genial en tu campo.

Todos sabemos que en la vida real necesitas por lo menos quince días para ser el mejor en lo que haces.

Bueno, el caso es que tampoco tienes que trabajar como burro porque, si quisieras hacer eso, ya lo estarías haciendo. Las grandes pasiones empiezan como pequeños pasatiempos. Luego te da más gusto hacerlos, practicarlos y, cuando te das cuenta, solo puedes pensar en una cosa que te da todas las razones para amar tu vida.

Dicen que incluso los viajes más largos empiezan por dar el primer paso, pero lo que no te dicen es que esos viajes se tienen que recorrer un metro a la vez, porque en la vida los atajos solo sirven para perderte el camino.


Así que, primero que nada, decide cuál es tu camino; luego traga helado. Cuando te odies a ti mismo por no hacer nada, puedes empezar a practicar.

El punto de todo esto es que no tienes que exigirte nada que no puedas lograr, pero tampoco sirve de nada hacerte pen$£&@.