Pero vamos a aprovechar la tendencia budista que he traído en las últimas publicaciones para hablar de la causa principal del sufrimiento, desde ese modelo ancestral: el deseo.
Y, por supuesto, voy a continuar con mi tendencia de negarme a aceptar que el ser humano está de alguna forma roto por naturaleza. Si tenemos deseos, entonces esa parte de la humanidad tiene su función y lugar. Sin embargo, Siddhartha el Despierto era un tipo mucho más listo que yo. Si dice que la fuente del sufrimiento son los deseos, lo dice por algo.
Pienso que lo dijo porque la gente suele ser muy torpe en los asuntos del corazón. Nos ponemos a trabajar como burros por algo; no importa demasiado qué, siempre y cuando trabajemos como burros porque nos enseñaron que eso está bien. Después de mucho tiempo sacamos la cabeza del agua y tenemos una suerte de respiro en nuestra carrera a ciegas, nos preguntamos para qué hacemos todo lo que hacemos, abrimos el Netflix y se nos acaba la curiosidad.
En serio, ¿quién quiere pasarse la vida pensando si acaso estamos haciendo lo correcto, o la finalidad más elevada del ser humano, o desarrollando una identidad moral basada en la experiencia y el amor al prójimo? Creo que preferimos decir que somos católicos o budistas, o que somos "ateos pero espirituales" sin pensar por un segundo qué significa todo eso.
Creo que todo mundo debería tomarse 5 minutos al día para pensar qué desea en realidad. No tenemos que aferrarnos a lo que queremos, porque muchas veces lo que pensamos que nos gustaría conseguir es un reflejo nublado de lo que pide nuestro corazón. Nublado por el miedo a no poder conseguirlo, por la flojera o por el maldito "qué dirán".
No soy un Buda pero, si lo fuera, diría que la fuente del sufrimiento está en adoptar el modelo de lo que uno debe ser, en vez de actuar como los gatos: durmiendo 18 horas al día, hasta tomar una acción mejor que descansar. Seguramente, como los gatos, sería molestar a alguien que queremos mucho o, si nos sentimos magnánimos, mejorar su día con nuestra majestuosa presencia.
Pero ¿quién puede llamarse majestuoso en esta sociedad sin que la gente lo tache de arrogante, prepotente, "mirrey" o (lo peor de todo) le den la razón y quieran convertirlo en líder de un culto?
Dice #Osho que convertirse en un político es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Yo estoy de acuerdo con eso, siempre y cuando recordemos que también existen las políticas del espíritu: intentar enseñarle a la gente cómo vivir.
En mi humilde opinión, lo mejor que podemos hacer con esta vida es descubrir el potencial infinito que tenemos como seres humanos, y después expresarlo.
Pero si te da miedo dejar salir a la estrella danzante que llevas dentro, entonces lo mejor que puedes hacer es sonreír. Porque sonreír un poco es alegría, pero hacerlo con frecuencia es la #Felicidad.

