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miércoles, 27 de enero de 2016

Aceptar no es resignarse.

El Maestro y sacerdote, Anthony de Mello, fue un grandioso escritor que nos expresó la esencia del Zen a través de chistes, cuentos y reflexiones. Sin embargo, se nota que jamás dejó de ser un sacristán, porque en todos sus escritos demuestra que practicaba el amor a Dios sobre todas las cosas.

El Maestro y sacerdote, Anthony de Mello, fue un grandioso escritor que nos expresó la esencia del Zen a través de chistes, cuentos y reflexiones. Sin embargo, se nota que jamás dejó de ser un sacristán, porque en todos sus escritos demuestra que practicaba el amor a Dios sobre todas las cosas.

Por ejemplo, en uno de sus libros vi por primera vez el siguiente cuento:

"Un devoto había sido, como todos los habitantes de su ciudad, víctima de una horrible inundación que sumergió la mayoría de las construcciones; él y otros vecinos se refugiaban en el techo mientras esperaban ser rescatados, pero el agúa continuaba subiendo.
Pasó uno de los vecinos con un tipo de balsa que había improvisado, y le ofreció llevarlo con un pequeño grupo. El hombre se negó amablemente, afirmando que sin duda alguna Dios lo salvaría.
Después de un tiempo, un rescatista en una lancha se ofreció de nuevo a sacarlo de la zona del desastre, pero él se volvió a negar diciendo que Dios lo salvaría.
Cuando su casa estaba a punto de sumergirse por completo, un helicóptero que volaba por la zona le insistió que subiera para poder salvar su vida, pero el hombre se negó rotundamente; quería demostrar que la fe de los gentiles sería recompensada por el Señor, así que esperó su salvación.
Después de menos de una hora, la casa quedó sumergida por completo y el hombre se ahogó. Indignado, llegó a las Puertas de san Pedro exigiendo hablar con el supervisor. "Es increíble; he mantenido todos los mandamientos, amado a mi prójimo, y en toda mi vida jamás he blasfemado contra el Señor. Exijo saber por qué no me salvaron.
San Pedro respondió: "pero ¡te mandamos una balsa, una lancha y hasta un helicóptero! No sé qué estabas esperando".

Este pequeño cuento es más conocido que la baja de los precios del #Petroleo, pero ilustra muy bien los principios que de Mello pretendía enseñar: hay que confiar en Dios, sin dejar de cerrar la puerta en las noches.

La actitud puede ser un poco contradictoria porque la filosofía del Zen viene del #budismo; podríamos llamarle una versión radical del mismo, en donde no solo buscamos liberarnos de los apegos, sino que rechazamos cualquier separación de la verdad: llámense creencias, doctrinas, tradiciones o cualquier cosa que no sea la experiencia sin límites de la realidad.


En palabras del propio #AnthonyDeMello, la Iluminación es simplemente la aceptación incondicional de lo inevitable.

Eso es muy diferente de convertirse en un agachado, porque tampoco podemos hacer eso. Tenemos que seguir esa llama interna que se llama voluntad. A veces la confundimos con el hambre, pero la voluntad es más fuerte y no se quita comiendo.

Para decirlo de la forma más simple posible: si puedes rendirte, necesitas buscar un propósito mejor; en la publicación anterior hablo un poco al respecto: básicamente, si no sientes que tu vida vale la pena porque estás haciendo algo que te llene, tómate 5 minutos entre cada video del youtube para pensar qué te gustaría hacer.

Y luego practica, esfuérzate o estudia 5 minutos todos los días.

Quisiera compartir otra pequeña historia del excelente grupo de comedia, Monty Python:

"--En primer lugar, la gente no está usando suficientes sombreros. En segundo lugar, toda la materia es energía. [...] Algunas de estas energías tienen una fuente espiritual y actúan sobre el alma de la gente. Sin embargo, esta 'alma' no existe por existir, como enseña la tradición cristiana ortodoxa; debe ser manifestada por un proceso de auto-observación. Sin embargo, esto rara vez se logra porque la humanidad tiene una habilidad única para distraerse con trivialidades.
--Sí, sí, pero ¿qué decías de los sombreros?"


Mira, los sombreros son geniales. Pero en algún momento te vas a cansar de conformarte con lo que te enseñaron que merecías.


En ese momento, no quiero que entres en pánico. Lo único que puedes hacer es dejarte llevar por tu espíritu porque, si luchas en contra, es la única batalla que no puedes ganar.

Y esa es la diferencia entre "aceptar" y "resignarse". Si te dejas llevar por la corriente del mundo, estás resignado. Pero si dejas de oponerte a ti mismo, eso es una aceptación que cuesta un trabajo de la chingada.