La vida moderna crea muchos problemas artificiales: por ejemplo, antes la gente trabajaba por sobrevivir, mientras que ahora trabajamos para pagar el internet y lo demás se vuelve secundario. Incluso si tienes hijos, prefieres perder un brazo que dejar a los monstruitos un día sin conexión, en especial si son adolescentes.
Porque la verdad es que hemos creado demasiados mitos: que el dinero es felicidad, que la posición social tiene que ver con el valor personal; pero el más terrible y dañino de todos es, que siempre tenemos que estar ocupados en algo.
Mira, la vida es música. Lo malo es que a veces la hija de la ch&@€ suena a puro reggaetón, y nos dan algo así como que unas ganas salvajes de evitarla. Para esos momentos, dios nos envió a los #Gatos y la gente ociosa les toma videos, pero el caso es que no debemos pensar que si no estamos disfrutando como la gente de los comerciales de refresco o de cerveza, entonces debemos sufrir.
Es una tontería.
Como dije, la vida es música: necesita silencios. Bien pude haber dicho que la vida es como el chocolate, porque si solo tragas sin cesar acabas engordando y necesitas más, y antes de que sepas qué diablos paso eres una bola de felicidad que se odia a sí misma. Oye, hay peores cosas en este mundo que engordar con chocolate.
También hay peores cosas que deprimirte por vivir tan estimulado que ya ni registras cuando te diviertes, cuando consumes entretenimiento, o cuando te la pasas bien. Antes platicar con tus amigos era algo especial porque no podías hacerlo todo el tiempo. Ahora dejas a la gente en visto porque #YOLO. Hace tiempo, esperabas una semana o por lo menos un día entero para ver tu programa de televisión. Hoy necesitas manejar por lo menos 18 horas para encontrar una persona que no sepa dónde ver sus programas en línea.
Antes necesitabas tener gatos y aguantarlos unos meses para verlos hacer una tontería. Hoy te metes a Youtube, y... Bueno, no quiero hablar de eso. Digamos que hoy los dueños voltean a ver a sus mascotas, decepcionados porque no son como los gatos de internet.
Digamos que el día de hoy tenemos expectativas demasiado --altas-- estúpidas porque todo el tiempo vemos gente sonriendo, y pensamos que debemos estar igual. Tal vez por eso los adolescentes de hoy piensan que es demasiado cool tener una mirada inexpresiva y odiar todo; porque están tan habituados a pasarla bien que de veras ya no les importa.
Espero, no. El día que me empiece a quejar de la juventud me voy a dar un tiro. Pero digamos que nuestro estilo de vida nos da todas las razones del universo para buscar las experiencias trascendentales: porque los placeres de la humanidad, como los amigos o el porno, están demasiado accesibles; tanto que se vuelve difícil tomarlos como una cosa especial.
Por eso admiro a la gente que todavía sabe sonreír. Porque quiere decir que su vida apesta lo suficiente como para apreciar los buenos momentos. Además, la gente no quiere estar feliz todo el tiempo. Si no te burlas de los tipos que siempre tienen esa expresión de alegría marca "recétame tus drogas", te hace falta barrio.
Lo malo es que se ve tan divertido. Por eso quisiéramos estar prendidos todo el tiempo. De hecho, la mitad de las cosas que consumimos son un intento por lograr ese estado de iluminación socializada: la felicidad que no se quita.
Pues déjame darte un consejo: no mam#$. Todos tenemos que descansar en algún punto. Aprende a disfrutar la alegría sin tomarle fotos, y aprende a disfrutar de la calma sin sacar el celular.
Sé que suena como si te hubiera dicho: el hambre es buena, debes aprender a odiar la comida.
Pero no tienes que aprender a odiar nada. Solo vas a dejar de odiar la vida cuando dejes de esperar que siempre sea perfecta. Oye, qué genial concepto. Ya sé de qué voy a escribir la próxima semana.

