miércoles, 25 de abril de 2018

La motivación está sobrevaluada.

No hay nada mejor que levantarte a las 7 de la mañana fresco, motivado, feliz y listo para enfrentar tu día. Nunca me ha pasado, pero estoy seguro de que no hay nada mejor.

Quiero decir, la mayoría del tiempo nos levantamos porque, al menos en la república mexicana, no es legal casarte con tu almohada, pero en la época en la que vivimos seguro hay un grupo de activistas luchando por ello, así que ten paciencia.

Lo malo es que se nos vende la idea de que tenemos que estar maniáticamente felices todo el tiempo, y si no lo estamos hay algo mal con nosotros. En realidad lo malo no es que nos venden esa idea, sino que la compramos.

Una de las ventajas de estudiar psicología es que aprendes lo que realmente significa la salud mental: para no aburrirte con tecnicismos, salud mental significa odiar tu vida lo suficiente para quejarte todos los días, pero no lo suficiente para hacer algo al respecto.

Nadie puede esperar ser feliz todo el tiempo. Necesitamos los malos ratos para aprender a disfrutar los buenos, y creo que sin esforzarte mucho puedes pensar en otros clichés.



La verdad es que funcionamos con jugo cerebral, y estoy seguro de que hay un par de neurólogos que podrían tener un ataque al corazón si les repites la barbaridad que acabo de escribir. Las neuronas funcionan con sus propios químicos, y la vida cotidiana del ser humano es la prueba de que debería ser ilegal tener un sistema nervioso funcionando sin la supervisión de tu doctor, porque la mitad de la gente es infeliz y la otra mitad un poco torpe.

Pero esto no se puede evitar porque si produces suficiente jugo cerebral de la felicidad, que llamaremos dopamina porque a nadie se le ha ocurrido un nombre mejor, te acabas acostumbrando y las cosas que te hacían feliz ya no lo hacen tanto.

Por eso nuestro cerebro necesita todo tipo de neurotransmisores: para el hijo de %&ta no se acostumbre a vivir demasiado contento y de repente ya nada te dé placer.

Hablando de eso, neurotransmisores suena mejor que jugo cerebral, ¿cierto? Bueno, mi doctorado Honoris Causa de "cerebrología" tendrá que esperar, porque le seguiré llamando “jugo”.

Cuando hablamos de felicidad nos referimos a cosas muy relativas: la mayoría del tiempo, la felicidad es eso que no tenemos, porque si fuéramos felices (y adinerados) mandaríamos al diablo a nuestro jefe y nos dedicaríamos a disfrutar la vida.

Exise otra definición de felicidad que se refiere a la gente que está haciendo lo que ama y adora, pero tiene truco y de todas maneras la gente que dice eso es un poquito insoportable.

El truco de la gente que verdaderamente es feliz con lo que hace es que no piensa que todo el tiempo tiene que sonreír como idiota. Se limitan a sonreír como idiotas cuando algo bueno les pasa, y el resto del tiempo están contentos siempre y cuando no tengan que saludar a un optimista sin tener haberse tomado un café.



Pues algo así pasa con la motivación: no tienes que saltar de alegría cada que vayas a hacer cada pequeña cosa en tu día. Hay cosas que nos gustan, pero mientras aguantes el resto está bien.

Porque no estamos hechos para ser felices todo el tiempo: para eso Dios inventó los memes

lunes, 23 de abril de 2018

El pensamiento mágico.

El pensamiento mágico es esa cualidad que tenemos los seres humanos que nos hace pensar que nuestras palabras tienen cierto poder sobre la realidad.

Por ejemplo, si la persona que te gusta te dice que te ama, tú de idiota vas y le crees porque... bueno, porque estamos hecho para creer que las palabras son la realidad.

Esto es incómodo porque las palabras no tienen un carajo que ver con la realidad. En especial si las dicen en pleno #Debate.

Sin embargo, no es evidente el poder que estas tienen sobre nosotros, al menos no a primera vista.

Es fácil darnos cuenta de que la política, el dinero y el fútbol tienen un tipo de poder sobre nuestras vidas aunque no seamos fanáticos. Como seres humanos, vivimos rodeados de política, dinero y fútbol.

Las palabras, en cambio, no importa que nos gusten o no. Las usamos de forma tan natural como respirar, porque somos seres políticos, comerciales, futboleros y simbólicos. La realidad, para nosotros, no existe hasta que podemos hablar de ella.

Tómate un café y no lo subas a redes sociales: probablemente no te importe, pero si lo subes a tus redes sociales, puedes estar seguro de que a nadie le va a importar. Sin embargo, no existe nada más natural para el ser humano que compartir nuestras experiencias.


Cuando nos escuchan, nos comparten o dan like nos damos una cierta clase de permiso de sentir satisfacción por lo que hacemos, de pensar que tiene significado, aunque sea solo un %&to café que honestamente cuesta más de lo que vale.

Pero esto es lo que hace que la vida sea humana: la capacidad de compartir nuestras experiencias. Nos hace felices.

Bueno, tal vez no, pero tampoco vas a compartir una publicación que te recuerda lo jodidamente mal que estás.

Compartes esa imagen bonita que te dice que hay esperanza, o que por lo menos está bien estar mal porque la gente alrededor está peor que tú.

El caso es que las palabras tienen un efecto mágico sobre nosotros.

Es posible pensar, como dice el psicoanálisis, que esta es una característica de las mentes inmaduras; que el ser humano es fantasioso y piensa que los símbolos, pensamientos y palabras tienen poder.

Para decir las cosas en español, pensamiento mágico es creer que si le dices a alguien que se vaya a la chin&%da, se irá derechito a comprar el boleto.


El punto de todo esto es que, a veces, está bien que no podamos afectar la realidad con una simple palabra, con un deseo, porque debemos recordar que la mitad del tiempo solo pensamos en memes y la otra mitad en alcohol.

Pero sí tenemos la capacidad de esforzarnos. Cada día de nuestra de vida podemos elegir trabajar por las cosas que queremos, y eso no es pensamiento mágico. Es magia pura.

viernes, 13 de abril de 2018

El universo y otros cuentos

El universo está lleno de misterios; afortunadamente, hay gente que está empeñada en convencernos de que tienen la respuesta a todos ellos para que dejemos de pensar en cosas complicadas y podamos vivir una vida feliz.

Tristemente, no existe nadie que tenga "la respuesta" al universo, porque no es una pregunta: es un universo, y son cosas ligeramente distintas.

La principal diferencia es que si alguien te hace una pregunta, espera una conducta muy específica de ti: por ejemplo, cuando te preguntan "¿cuál es la capital de Suecia?" la gente espera que digas "Estocolmo". Si dices algo como "Suecia Chiquita" o "Ixtapasuecia", probablemente te tachen de idiota.

A menos que seas político. Entonces podrían tacharte de idiota, pero de todos modos votar por ti, porque así es la &%#che gente.

En cambio, el universo no espera ninguna conducta de tu parte. Puedes decir que la gente sí, pero déjame asegurarte que no. Nadie espera nada de ti, y aún así te las arreglas para decepcionarlos. Porque, bueno, así es la pin#/e gente.


Con esto quiero decir que no importa cuánto te esfuerces, jamás vas a estar a la altura de las expectativas que los demás tienen de ti, porque francamente la mayoría de las personas no saben lo que esperan de su vida.

Nos pasamos una gran parte del tiempo pensando en cómo ser lo bastante buenos para un ser celestial que nos mira a todos, juzgándonos y decidiendo nuestro destino. Se llama "Sociedad", y es todopoderoso. Si lo hacces enojar te sube a internet y te convierte en un #Lord o una #Lady, que al contrario de los días de la realeza es algo sumamente malo.

Esto rara vez nos deja el tiempo suficiente para pensar en cosas importantes. Por ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que pensaste cuál es tu dinosaurio favorito?

Ya dije que "la sociedad" es un ser imaginario, pero eso no le impide estar vivo y evolucionar. Para adaptarse a los tiempos y evitar que la gente muera de aburrimiento crea personas que se preguntan todos los días cuál es su dinosaurio favorito, porque aunque no lo creas es vitalmente importante tener la respuesta a esta inocente pregunta.

Les llamamos artistas, visionarios, o infantiles hijos de $&ta que no deberían estar haciendo preguntas irrelevantes y dejar que regresemos a trabajar.

Al menos eso pasaba en generaciones anteriores. Hoy en día podemos buscar dinosaurios por internet, y bajar las imágenes a nuestro celular. A veces son gatos, princesas de #Disney, imágenes de tacos que no podemos comer desde que empezamos la dieta, o imágenes de gente flaca que dejamos de ser desde que empezamos con los tacos. Bueno, cada quién tiene a su dinosaurio favorito.


Pero sea cual sea tu pasión, me temo recordarte que tienes el tiempo contado para poder perseguirla, bajar imágenes y publicar #memes para compartirla con los demás, porque todos vamos a morir.

La vida es em%$tadamente corta para no saber cuál es tu dinosaurio favorito, así que deja de perder el tiempo: busca algo que te guste y vuelve a trabajar, porque lo apasionado no te quita lo pobre. Pero cuando termines haz algo que valga la pena.