No hay nada mejor que levantarte a las 7 de la mañana fresco, motivado, feliz y listo para enfrentar tu día. Nunca me ha pasado, pero estoy seguro de que no hay nada mejor.
Quiero decir, la mayoría del tiempo nos levantamos porque, al menos en la república mexicana, no es legal casarte con tu almohada, pero en la época en la que vivimos seguro hay un grupo de activistas luchando por ello, así que ten paciencia.
Lo malo es que se nos vende la idea de que tenemos que estar maniáticamente felices todo el tiempo, y si no lo estamos hay algo mal con nosotros. En realidad lo malo no es que nos venden esa idea, sino que la compramos.
Una de las ventajas de estudiar psicología es que aprendes lo que realmente significa la salud mental: para no aburrirte con tecnicismos, salud mental significa odiar tu vida lo suficiente para quejarte todos los días, pero no lo suficiente para hacer algo al respecto.
Nadie puede esperar ser feliz todo el tiempo. Necesitamos los malos ratos para aprender a disfrutar los buenos, y creo que sin esforzarte mucho puedes pensar en otros clichés.
La verdad es que funcionamos con jugo cerebral, y estoy seguro de que hay un par de neurólogos que podrían tener un ataque al corazón si les repites la barbaridad que acabo de escribir. Las neuronas funcionan con sus propios químicos, y la vida cotidiana del ser humano es la prueba de que debería ser ilegal tener un sistema nervioso funcionando sin la supervisión de tu doctor, porque la mitad de la gente es infeliz y la otra mitad un poco torpe.
Pero esto no se puede evitar porque si produces suficiente jugo cerebral de la felicidad, que llamaremos dopamina porque a nadie se le ha ocurrido un nombre mejor, te acabas acostumbrando y las cosas que te hacían feliz ya no lo hacen tanto.
Por eso nuestro cerebro necesita todo tipo de neurotransmisores: para el hijo de %&ta no se acostumbre a vivir demasiado contento y de repente ya nada te dé placer.
Hablando de eso, neurotransmisores suena mejor que jugo cerebral, ¿cierto? Bueno, mi doctorado Honoris Causa de "cerebrología" tendrá que esperar, porque le seguiré llamando “jugo”.
Cuando hablamos de felicidad nos referimos a cosas muy relativas: la mayoría del tiempo, la felicidad es eso que no tenemos, porque si fuéramos felices (y adinerados) mandaríamos al diablo a nuestro jefe y nos dedicaríamos a disfrutar la vida.
Exise otra definición de felicidad que se refiere a la gente que está haciendo lo que ama y adora, pero tiene truco y de todas maneras la gente que dice eso es un poquito insoportable.
El truco de la gente que verdaderamente es feliz con lo que hace es que no piensa que todo el tiempo tiene que sonreír como idiota. Se limitan a sonreír como idiotas cuando algo bueno les pasa, y el resto del tiempo están contentos siempre y cuando no tengan que saludar a un optimista sin tener haberse tomado un café.
Pues algo así pasa con la motivación: no tienes que saltar de alegría cada que vayas a hacer cada pequeña cosa en tu día. Hay cosas que nos gustan, pero mientras aguantes el resto está bien.
Porque no estamos hechos para ser felices todo el tiempo: para eso Dios inventó los memes





