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lunes, 15 de febrero de 2016

Los Godínez también lloran.

Esta es una publicación para leer a escondidas. Porque no quieres que en tu oficina huelan el miedo, los hijos de £&%@ son como tiburones. Quiero decir, el mundo es una selva pero, a menos que hayas pasado un excelente día de san Valentín, no podemos comernos unos a otros. 

Sin embargo, eso tampoco quiere decir que estemos seguros; en cualquier ambiente donde hay convivencia amable (o sea, en donde la constitución es lo único que nos impide matarnos los unos a los otros, así que mejor nos damos los buenos días), las emociones se vuelven el terreno de cacería favorito para los depredadores. 

Cuando digo "depredadores" me refiero a las víboras que se la pasan hablando mal de la gente, los felinos domésticos (por no decirles gatos) que se creen mejores que los demás, y la perra que te cae mal. Es por eso que muchas veces desarrollamos mecanismos de adaptación como caparazones emocionales, o una gran velocidad para evadir el compromiso: porque nunca sabes cuando alguien quiere pasarse de primitivo, así que es mejor prevenir.

Sin embargo, en este mundo no sobrevive el que corre ni el que se esconde; sobreviven los que se saben adaptar, y el éxito se alcanza organizándose. Las manadas de seres humanos son la cosa más divertida del planeta, en especial cuando las encuentras en estado de ebriedad.

Para tener verdadera seguridad necesitamos confiar en nosotros mismos, pero esa solo es la primera parte del problema. También tenemos que saber quién de nuestros amigos es confiable, y quién está escondiéndose con piel de corderito.

No es que nadie nos enseñe, pero de todos modos aprendemos a no bajar la guardia. Y aprender con quién sí podemos hacerlo, creo que eso es lo más importante para todos los seres humanos, porque si los pájaros necesitan su nido, los peces el mar, las personas necesitamos amistad para sentirnos como en casa.


Por supuesto, uno aprende con los años que hasta el más cercano de todos tus amigos te va trollear cuando te vea blandito; es parte de ser mexicano, latino... Es una función básica de la humanidad: cuando nos sentimos en confianza, tratamos a nuestros amigos como si nos debieran dinero. 

Eso sí, todo con cariño, porque si alguien más los trata igual nos sale la fiera. Nosotros lo hacemos para que se vuelvan fuertes, pero tampoco podemos permitir que les falten el respeto.

La actitud de amistad pero ruda es igual entre hombres y mujeres, solo que los hombres decimos con groserías y empujones lo que ellas se dicen con sonrisas. Por eso no sabemos qué pensar cuando nos dan señales: nos confunden, nos torturan, lo saben y les encanta.

Porque si la amistad es una selva, entonces el amor es un campo de guerra, pero eso mejor lo dejo para la próxima publicación; no estoy seguro si existe un tema más complicado en esta tierra, así que quiero dedicarle una entrada completa para confundirte más y morir de risa.

Ya sabes, trolleo con cariño. Si no, fallaría como blogger.

Bueno, el punto es que nadie puede vivir solo en este mundo, pero con todos los hijos de la &@€%da que nos encontramos cada día, a veces parece lo mejor. Si encuentras un amigo verdadero, cuídalo como tesoro, y ve si también te sabe cuidar.

Creo que ese es el mejor consejo que puedo darte: busca la amistad, y cuídala como si fuera tu alma.


Mira, puedes perder todo en esta vida. Pero si tienes un amigo, además de todo se va a reír de ti. Quiero decir, contigo. No, la verdad sí se va a reír de ti; pero no va a parar hasta que tu también te rías. 

Y lo mejor en este mundo no es tener a alguien que te haga fuerte, sino una persona con la que puedas ser vulnerable. Así reconoces a tus verdaderos amigos: te levantan, en ves de destruirte, cuando no tienes la fuerza para seguir manteniendo la guardia.