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lunes, 2 de noviembre de 2015

Cómo recordar.

Personalmente, creo que la parte más importante de la celebración mexicana del #DiaDeMuertos es eso: la celebración. 

En todos los países del mundo existe algún tipo de conmemoración de los que ya pasaron: Japón los celebra mandando barcas o globos con velas para simbolizar el paso de las almas, que son luz, al otro mundo; como para darles una linterna y que, a través de nuestro amor, encuentren su camino y no tengan arrepentimientos: que puedan hacer la transición en paz, como el fuego de una vela que se apaga sin reclamarle al universo.

Eso es tan hermoso, tan budista.

Los países anglosajones festejan la víspera de todos los santos, "all hallows eve" o Halloween. Este festejo viene de tradiciones paganas que básicamente le rezaban a los espíritus de la naturaleza para que no nos comieran por ser estúpidos y destructivos, pero poco a poco se transformó en la deliciosa tradición de pedir dulces.

En el cristianismo celebramos la muerte y resurrección de Cristo, para recordarnos que nuestros hermanos no son olvidados ni desaparecen: se elevan a la gloria de Dios Padre a través de Jesús y conocen la vida eterna. Lástima que no viven a nuestro lado, pero nos queda la esperanza de pensar que son felices.

Pero solo en la tradición puramente mexicana, que no es ni pagana ni católica sino todo lo contrario, podemos convertir un evento tan irreversiblemente triste como la muerte en un objeto de celebración: no para nosotros, sino para los fallecidos. Porque tenemos que recordar que nuestros seres queridos también fueron Godínez, y como tal merecen su día feriado.




En ninguna otra parte del mundo los vivos preparan comida y bebida en abundancia, no para consumirla, sino para ofrecerla a nuestros ancestros. En México sabemos que el amor no muere; y si no estamos dispuestos a dejar atrás ese sentimiento, por Dios que vamos a brindar por él. Y nuestros padres y hermanos vuelven a convivir con nosotros. Ni siquiera la muerte puede salvarlos de la tradición de "tomarse nada más una copita", ni del chantaje cultural: "¿a poco me vas a dejar tomar solo?".

Estar en el otro mundo no les da derecho a ser maleducados. No pueden dejarnos con el "salud" en la boca.

Eso pensamos México: todo mundo quiere ser feliz y, para nosotros, la única manera de lograrlo es estando cerca de la gente que amamos. La Muerte no puede quitarnos ese amor que sentimos. A base de guisados y flor de cempazúcitl exigimos el derecho de volver a convivir con nuestra gente. Por eso el 2 de noviembre se viste de magia y ofrendas; un día, una noche al año, los muertos caminan por las calles. Entran a nuestras casas y se vuelven a reír.





Solo en México le perdemos el miedo a la catrina, la representación de nuestra muerte: una señora que es inflexible, pero haciendo honor a la tradición nacional de ser corruptos, en el #DíaDeMuertos la podemos sobornar.


Dedicado a mi abuelo Roberto González Arce, la razón de mi festejo en este día.