Mostrando las entradas con la etiqueta Rutina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rutina. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de mayo de 2016

Neurociencia y trabajo: consejos aplicados.

Hay tres cosas que tienes que entender para tomar el control de tu sistema nervioso. Primero, tienes que entender por qué no escribí la palabra "mente".

Cuando hablamos de cosas como el estrés, la ansiedad, las emociones y el amor, siempre pensamos que existen dentro de un mundo mágico personal que se llama imaginación, o por lo menos dentro de nuestra "mente". De cualquier manera, pensamos que todo ese tipo de cosas tienen su propio espacio dentro de nosotros, en algo así como una dimensión alterna que existe para nosotros pero no para los demás.

Por supuesto que eso... Bueno, nadie ha probado que no sea verdad. Quiero decir, me gusta pensar que todos llevamos adentro una reserva infinita de universos que podemos habitar, expresar, o llenar de fantasías #XXX que nos daría un poco de pena compartir.

Pero pesnar eso no es útil. Al menos no para ti como #Godinez que solo piensa en sobrevivir otro día lleno de vitalidad en la oficina, y otros sarcasmos que utilizas para intentar llegar final de otra jornada de trabajo.

En cambio, si hablamos del sistema nervioso, inmediatamente nos viene a la cabeza una cosa que tiene leyes y sabemos cómo funciona. Bueno, tampoco es necesariamente cierto que sepamos bien cómo funciona, pero al menos podemos fingir que sí porque suena a algo tipo "ciensoso". Creo que la palabra es"científico", pero a lo mejor te enseñaron a aburrirte cuando escuchas esa palabra, así que diré "ciensoso".

El caso es que la gente que cobra cantidades descomunales de dinero por hacer ciencia, aunque usted no lo crea, hace trabajos que merecen esos sueldos altísimos. 

Hoy vamos a hablar de cómo utilizar los avances de la neurología para sobrevivir a tu rutina, con dos pequeños ejercicios. En la publicación pasada dije que los principales problemas de vivir en una rutina es que dejamos de prestarle atención, y que altera nuestra percepción del tiempo.

La primera parte es un problema porque, cuando una actividad se vuelve automática, la mayoría de las veces no aprendemos a hacerla de la mejor forma. Verás, las investigaciones han revelado que aprendemos a través de experiencias totales. Esto quiere decir que, si tu aprendiste a escribir tus reportes mientras escuchas música y te aburres como domingo en la iglesia, entonces tu cerebro aprende que la forma correcta de hacer un reporte es: escuchando música y aburriéndote.

Cuando te das cuenta, ya estás haciendo un montón de tareas emocionales que acompañan el trabajo diario, solo porque las practicaste sin notarlo en un principio.

El segundo punto, que la rutina afecta nuestra percepción del tiempo, sería perfectamente genial si nuestro cerebro nos hiciera pensar que el día laboral se acaba en dos canciones, mientras que el fin de semana dura cuatro siglos. Pero todos conocemos el martirio de esperar la hora de salida los lunes, y sabemos muy bien cómo se siente atravesar el agujero de gusano que conecta el viernes con el domingo, porque hay fines de semana que se acaban sin avisar.


No solo se siente como si el tiempo, entre semana, fuera un caracol infernal que se niega a avanzar entre más veas el reloj, sino que después de varios años de hacer el mismo trabajo pensamos cosas como "qué rápido pasa el tiempo" o "¿a dónde se va la vida?". Esto es horrible. Los Godínez deberíamos de sentirnos inmortales porque el lunes dura demasiado tiempo, y nos quedan tantos por trabajar. Pero pasan tan rápido.

Lo bueno es que estos dos problemas, de repetición y tiempo, se curan con la misma medicina: poner atención. Sin embrago, seguro que si estudias algún sabor comercial de meditación te han dicho que debes prestarle atención al momento presente. Pues déjame decirte algo: el momento presente no es tan interesante. Si lo fuera, no necesitarías ir a tus clases para aprender a soportarlo, ¿cierto?

Lo que yo recomiendo siempre es: observar tu respiración. Seguro que tampoco es tan interesante, pero por lo menos no has pasado tu vida adulta aprendiendo que es un trabajo tedioso y sin gloria. De hecho, pienso que te sientes muy satisfecho por respirar, o al menos piensas que es mucho mejor que la alternativa.

Además, observar tu respiración es algo que puedes hacer mientras finges que trabajas. No es como jugar con tu celular o esas cosas que inmediatamente se ven como distracciones. Si alguien te atrapa observándote, puedes decir que lo aprendiste en un curso de #Neurocoaching o creatividad. Los jefes aman escuchar ese tipo de cosas.

Mira, si vencer el aburrimiento fuera tan fácil, muchos psicólogos y estafadores se quedarían sin trabajo porque sus clientes estarían felices. Pero yo no pretendo darte la solución a tu problema, porque si te aburre estar en tu trabajo deberías estudiar para conseguir uno mejor. Busca escuelas en línea. Los jefes también aman escuchar eso, porque pueden tener un empleado más preparado sin que pierda tiempo-nalga en el puesto que le está pagando.

Solo te quiero dar una herramienta para hacer consciencia: todo lo que somos, todo lo que hacemos, es algo aprendido. Nuestras emociones no son la excepción. 

Si piensas que tu rutina te está matando, puedes hacer dos cosas para romperla: dejar tu trabajo, siempre y cuando tengas otra fuente de ingresos (pero, si así fuera, no estarías trabajando en algo que no te gusta), o poner atención a lo que haces. 

Esto se vuelve mucho más fácil si le pones atención a un proceso continuo y rítmico que te permite seguir alerta al resto del mundo: estar atento se vuelve más lograble si empiezas observando tu respiración, porque si tu trabajo te aburre es normal que te cueste trabajo ponerle atención. De esta forma, rompes el patrón automático que has practicado a nivel neuronal de aburrirte mientras trabajas. Se rompe de manera natural.


Lo que hagas después depende de ti, pero por lo menos tienes la oportunidad de crear una costumbre menos horrible. Practícala el tiempo suficiente, y puedes engañar a tu cerebro para que disfrute lo que hace.

Solo recuerda que las costumbres crean un cambio físico en el sistema nervioso, así que al principio no va a ser fácil introducir un nuevo elemento a tu rutina. Pero vale la pena. La próxima semana hablaremos de cómo romper esas rutinas y crear otras mejores; por lo pronto, observa tu respiración.

Así puedes dirigir tu consciencia: practicándola.