Es como si el aguinaldo fuera un complot maligno de las empresas de alcohol y juguetes para recordarle al mundo que la diversión para chicos y grandes está en lo que consumen. Bueno, no me voy a quejar porque disfruté muchísimo mi vino espumoso de promoción; solo digo que, igual que cuando me tomé una botella entera yo solo, el exceso siempre trae consecuencias.
Cuando gastamos mucho, y cuando tomamos mucho, resentimos nuestra falta de moderación cuando se nos acaba el entusiasmo. Al menos la cruda se acaba en un día, pero las deudas duran más. Y son más dolorosas.
Lo malo es que no existe un tipo de pancita monetaria que te puedas tomar para aliviar tus gastos: te tienes que aguantar y rezar por que no le pongan un impuesto al oxígeno porque, como quedas de gastado después de fiestas, ese sería el primer gasto no esencial que tendrías que cortar. Oye, los seres humanos podemos vivir sin comer una o dos quincenas, pero el internet es lo primero.
Bueno, me gustaría poder darte un consejo para que no te afecte la cuesta de enero, pero si ya te pegó, ya te pegó; a estas alturas es demasiado tarde. Además, ¿a poco me harías caso si te dijera que empieces a ahorrar un poco de tu sueldo desde ahorita para que no tengas que endeudarte en las fiestas de diciembre? Si me dices que sí, eres un peor mentiroso que el vocero del gobierno.
Lo que si te puedo recomendar es que te acuerdes de todo lo que hiciste con ese dinero, porque una deuda no es una deuda: es la evidencia de que todavía tienes resistencia al alcohol, y de los nuevos juguetes de tus hijos. Quiero decir, no es fácil para nadie tener que pagar lo que debe, llámese Karma o buró de crédito, pero la realidad depende del cristal con que se mira. Tú no pensabas en diciembre: "¡muy bien! Es hora de gastar dinero que no tengo y echarme la soga al cuello para inicio de año!"
Si pensabas eso, te mereces estar como estás.
Pero yo creo que más bien pensaste en divertirte, festejar, pasar un buen rato en familia y ver una sonrisa en la cara de tus hijos o tus gatos, dependiendo a quién le hayas hecho los regalos más caros.
Todos esos buenos sentimientos no se pueden comprar.
Lo malo es que nos convencen de que los sentimientos solo son posibles cuando compramos algo que los cause. Tampoco digo que te deprimas por un sistema corrupto enfocado en el consumo cada que alguien te haga un regalo de buena voluntad, porque ese es el camino más rápido para convertirte en un hijo de $<#^. Solo te pido que recuerdes que los mejores momentos no se compran con dinero: se dan cuando algo le pasa a la gente que te cae mal.
Espera, eso tampoco suena tan bien.
Porque nadie puede decidir cómo debes sentirte: tu eres el único director de tu vida, y si de verdad creyeras eso no te ahogarías en alcohol o Netflix y helado cada fin de semana tratando de escapar de tu realidad #Godinez.
Pero eso sí es algo que te puedo recomendar para la cuesta de enero: enfócate en encontrarle el ángulo a la vida que te hace sentir bien solo por estar vivo.
Lo digo porque, si gastaste como te pidieron los comerciales de televisión, y encima quieres comer estas quincenas, la verdad es que no te va a alcanzar para más.


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